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EDITORIAL Cómo se enriquecen los patrones con nuestro trabajo abril y mayo de 2012
LOS CAPITALISTAS no pueden tener ganancias a menos que exploten a la gente que trabaja para ellos.
¿DE DÓNDE provienen las ganancias de los patrones? Esa es la pregunta que Carlos Marx se plantea en varios de los capítulos iniciales de su trabajo de tres volúmenes, El Capital.
Comienza con un ejemplo de lo que él llama "producción simple de mercancía"--en la cual artesanos se juntan a través del mercado para intercambiar sus productos. Tejedores traen sus telas; zapateros sus zapatos; y panaderos su pan.
Aunque poseen distintas cualidades, estos productos pueden ser intercambiados sobre la base de cuánto tiempo de trabajo se ha dedicado a su producción. Los tejedores venden su tela por una cierta cantidad de dinero y luego usan este dinero para comprarse zapatos.
En este escenario, el propósito del dinero es facilitar el intercambio de productos con diferentes "valores de uso", como Marx diría. Marx usó la fórmula M-D-M--abreviando mercancía-dinero-mercancía--para describir este sistema adonde los bienes son vendidos para comprar otros bienes.
La gran mayoría de nosotros todavía vivimos este proceso día a día. Vendemos nuestra fuerza de trabajo, nuestra capacidad de trabajar--una mercancía como cualquier otra--a cambio de dinero, el cual usamos para pagar la renta, comprar comida, pagar los préstamos para el automóvil y tal vez para darle de comer a la mascota.
Pero como Marx bien señala, quienes mandan en el sistema capitalista operan de otra manera. En lugar de vender para luego comprar, los patrones compran para luego vender--buscando lograr terminar con más dinero que al principio.
Para un capitalista, el proceso de producción e intercambio se describe con la fórmula D-M-D--es decir, dinero-mercancía-dinero.
Por supuesto, para un capitalista sería tonto comprar una mercancía para luego venderla al mismo precio que la compró. La meta es comprar barato y vender caro--en otras palabras, hacerse una ganancia.
Pero si toda la gente vendiendo mercancías simplemente aumentara los precios de sus productos para aumentar sus ganancias, al mismo tiempo cada persona tendría que pagar mayores precios por los productos luego re-venderlos.
En otras palabras, las subidas de precios cancelarían sus efectos mutuamente. Usando los términos de Marx, no hay "valor excedente" o "plusvalía" agregada a las mercancías durante el proceso de "circulación." Esta plusvalía debe tener su origen en otro lado--en el proceso de producción.
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Para poner en marcha las fábricas, los capitalistas deben juntar medios de producción con el trabajo de personas de carne y hueso. Los medios de producción deben ser comprados a otros capitalistas--y como los aumentos de precios en última instancia se cancelan mutuamente, la clase capitalista no puede extraer plusvalía de la compra y venta de maquinas, herramientas, edificios y demás.
Pero cuando los capitalistas contratan trabajadores, están comprando la mercancía "fuerza de trabajo," la cual cuesta tanto como cueste "reproducir" a los trabajadores y trabajadoras contratados--es decir, mantenerlos vivos y aptos para trabajar día tras día.
Así que, para los capitalistas, la característica peculiar de la fuerza de trabajo es que produce más valor del que cuesta adquirirla. En otras palabras, trabajadores y trabajadoras producen lo suficiente para cubrir el costo de sus salarios en solo la primera parte de la jornada de trabajo. El valor producido durante el resto del día va a parar al bolsillo de los capitalistas.
En última instancia, el valor de una mercancía consiste de dos partes--lo que Marx llamaba trabajo "muerto," asociado a la maquinaria y los materiales utilizados para elaborar un producto; y lo que Marx llamaba trabajo "vivo," el que proviene de los trabajadores.
Los capitalistas deben pagar por todo el valor agregado por el trabajo "muerto"--pero solo pagan una parte del valor agregado por el trabajo "vivo." De aquí que la fuente de plusvalía--y de la ganancia--es el trabajo no pagado a los trabajadores.
El sistema capitalista está organizado para producir ganancias para los patrones. Mientras terminen con más dinero del que tenía, al capitalista no les importa realmente si lo producido son zapatos, calcetines, ejotes, o pelotas de golf, contar que de algún modo nos esté explotando por provecho económico.
Este es el segundo de una serie de artículos dedicados a explorar algunas ideas básicas de la economía Marxista. Publicado originalmente en la edición del 21 de Julio de 2000 de Socialist Worker.
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