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EDITORIALES ¿Se desenmaraña la presidencia de Obama? junio-septiembre de 2010 | página 1
LAS CARTULINAS en los postes de teléfono y casas particulares a lo largo de la costa en Luisiana explican mucho: "Presidente Obama, BP tomó mi dinero ¿Dónde está mi cambio?"
La catástrofe petrolera de BP y el total fracaso de la respuesta gubernamental alimentan la creciente desilusión con la administración de Barack Obama. Pero ésta no es la única fuente de desilusión con Obama, quién para millones representó una nueva esperanza.
La popularidad de Obama se sitúa hoy en el nivel más bajo en sus dieciocho meses de presidencia. Según una encuesta de Wall Street Journal/NBC News, el 62% de los encuestados creen que el país va por mal camino, y sólo un tercio piensa que habrá mejoras en la economía durante el próximo año.
¿Será la derecha la gran beneficiada por la creciente amargura que los electores sienten hacia el presidente Obama?
Si juzgáramos sólo por el juego político en Washington, la respuesta es sin duda, sí. Después de todo, a la derecha se la ha permitido dominar los términos del debate político. Incluso la obvia extensión de beneficios a los desempleados ha sido resistida por un alud de protestas de los legisladores Republicanos --y Demócratas-- quienes retuvieron la propuesta hasta el último minuto.
Lo que es peor, la principal objeción a la ley para extendiendo estos beneficios radicó en una cláusula que comenzaría a cerrar el hoyo legal en el sistema de impuestos aprovechado por los ricos. Esto bastó para que la derecha montase un ataque frontal a la propuesta.
Que el mero hecho de extender beneficios a gente que sufre los efectos de la crisis económica provoque un gran debate entre los legisladores, no puede menos que sugerirnos una pregunta, ¿quién está realmente al mando en Washington DC., la administración Obama, que llegó a la Casa Blanca luego de haber prometido cambios en beneficio de la gente trabajadora, o los Republicanos, quienes representan todo lo contrario?
O podría sugerir otra conclusión: qué tanto los unos como los otros están completamente enajenados de la realidad, e indiferentes a las necesidades de la gente obrera.
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Por ejemplo, el hecho de que un grupo reducido pero bien financiado de activistas del Tea Party domine las imágenes noticieras en la televisión puede desorientar a la gente progresista, quienes pueden llegar a estimar erróneamente la trayectoria de la opinión pública.
Así, aunque de hecho el "populista" Tea Party esté compuesto desproporcionadamente por gente adinerada --según el New York Times, 76% gana más de $50,000 y 20% ganan más de $100,000-- y de que sea en gran parte una invención de los dirigentes del partido republicano, sus ideas, no obstante, pueden sentar bases en la población. La encuesta de abril de Rasumussen nos lo confirmó, cuando reveló que casi la mitad de los encuestados concuerda en algo con el Tea Party.
Pero si las ideas de grupos como el Tea Party llegan a oírse cada vez más, la culpa también la tienen Barack Obama y los Demócratas por haber concedido tanto terreno político, siempre evitando confrontar a los Republicanos, para así evitar tener que defender posiciones liberales, a pesar de que son estas mismas posiciones liberales las que tanto importan a su base electoral.
Este continuo retroceso político demócrata es clave para la dinámica bipartidista en los Estados Unidos. Los Demócratas se presentan como el partido de la gente común, de los derechos civiles y de la política liberal, y a veces, sobre todo durante las campañas electorales, cultivan esta imagen recurriendo a una retórica que suena hasta incluso radical. Pero a la hora de gobernar, su auténtico rol --como un partido que defiende a ultranza las corporaciones, los empresarios y la clase dirigente--es apoyar el status quo.
El resultado: la promesa electoral de los Demócratas de reformar seriamente el sistema de salud se desvaneció una vez ganadas las elecciones. Una vez ganadas las elecciones, su nueva meta ha sido satisfacer a las grandes compañías farmacéuticas y de seguros médicos. Candidato Barack Obama usó palabras duras y fuertes críticas contra Wall Street, pero como Presidente sus críticas se suavizaron, abandonándolas a la hora de elaborar la desdentada ley de reforma financiera.
Bajo estas condiciones, los legisladores derechistas pueden seguir tomando terreno. Por un lado, nadie entre los legisladores liberales quiere desafiarlos. Y por otro lado, los progresistas que forman la base electoral del partido Demócrata se desilusionan.
Pero esta dinámica política entre los dos partidos dirigentes no necesariamente significa que la población en general siga una trayectoria política más conservadora.
De hecho, la incapacidad de la administración Obama para ofrecer a la clase obrera una solución a la crisis puede resultar en un cambio de sus opiniones políticas, haciéndolas más progresistas o incluso más izquierdistas.
Por ejemplo, encuestas recientes muestran que, al contrario de los que el Tea Party promueve, muchos quieren más intervención del gobierno en favor de los pobres y la gente obrera. Según una encuesta llevada a cabo por Lake Research Partners para The Center for Community Change y la Ms. Foundation for Women, más de la mitad de los que respondieron están de acuerdo con la idea que el gobierno tome más medidas para que la economía funcione a favor del americano medio--incluyendo la creación de nuevos trabajos, reeducación laboral, reducción del costo del cuidado médico, y combatir la avaricia de las corporaciones.
Es importante recordar que el resultado de esta última encuesta fue registrado a pesar del huracán de propaganda procedente de los políticos y comentaristas conservadores, los que chillan de manera incesante que la administración Obama apoya gastos extravagantes, y a pesar de que ni el partido Demócrata ni la administración Obama hacen esfuerzos para descalificar sus histéricas mentiras.
Los resultados de esta encuesta reflejan directamente la experiencia de los obreros sufriendo la crisis económica. Casi la mitad de los americanos está preocupada de perder su trabajo, o que algún familiar sufra lo mismo en el próximo año. Y más de la mitad se preocupa de que ellos o algún familiar no llegue a trabajar las horas suficientes para poder pagar sus gastos.
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Al mismo tiempo, los Demócratas no proponen nada que represente una verdadera alternativa para los trabajadores--a pesar de que ofrecen mucho para las grandes corporaciones con sus programas de ayuda económica y las reformas financieras que solo resultarán superficiales.
Nadie en Washington delatará estas falsas soluciones a la crisis. Nadie las calificará por lo que son: grandes regalos para los ricos, y planes de austeridad para los demás. Para que ofrezcan soluciones de verdad, que sean de beneficio para nosotros, los demás, será necesaria una izquierda más fuerte, organizada desde las raíces de la sociedad, desde abajo.
Para organizar esta alternativa, será imprescindible participar en todas las luchas que toquen los intereses de la clase trabajadora.
Desde la perspectiva de la política 'desde arriba', aquella dominada por el sistema bipartidista, la aprobación de la ley anti-inmigrante de Arizona, SB 1070, muestra como ha llegado a ser aceptable el empleo del racismo y de chivos expiatorios para avanzar los intereses una política vergonzosa. Muestra también como esta desgraciada política puede llegar ser aceptada por una mayoría del electorado.
A la misma vez, la respuesta multitudinaria contra esa ley racista muestra la posibilidad de cambiar los términos del debate, incluso dentro del debate político oficial, y favorecer a nuestro lado. Los grupos que apoyan los derechos civiles de los inmigrantes nos enseñaron cual puede ser el impacto de la ley de Arizona para todos, tanto los indocumentados como los documentados, organizando una lucha basada en la solidaridad, no en la división.
Pero no es sólo en la inmigración y la ley en Arizona donde la gente reconoce la necesidad de la solidaridad para continuar la lucha. En San Francisco, California, activistas LGBT apoyaron el boicot organizado por el sindicato de trabajadores hoteleros, informándoles a los que llegaban a la ciudad para celebrar Pride Week, que no se alojasen en hoteles boicoteados por el sindicato. También en California está el ejemplo del sindicato de estibadores que con la ayuda militantes solidarios con Palestina obstaculizaron el descargo de un buque de Israel durante 24 horas.
Estas pequeñas luchas ofrecen un ejemplo modesto de un posible futuro. Pero para llegar a este futuro de grandes luchas, hay que empezar a organizarnos hoy.
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