EL SENTIDO DEL MARXISMO
El mito del conquistador altruista

por Paul D'Amato | abril-mayo de 2010 | página 3

LOS GOBIERNOS imperialistas tienen una nutrida historia de afirmar la benevo-lencia de sus metas, para así ocultar los más siniestros propósitos de la explotación colonial.

LA PRÁCTICA de disfrazar las invasiones militares con fines altruistas es muy antigua y casi siempre, el disfraz sólo ocultó el verdadero propósito de conquista, colonización y explotación económica.

A finales del siglo XVI, el geógrafo Richard Hakluyt, partidario de la colonización británica de América del Norte, argumentó que los ingleses serían bienvenidos como una alternativa al dominio español, quienes "gobiernan el Caribe con soberbia y tiranía".

Hakluyt concluyó que "La Reina de Inglaterra, soberana de tal clemencia, establecerá su sede en América, y se dirá por toda aquella extensión que su trato con la gente natural tiene toda humanidad, cortesía y libertad, que se ellos cederán a su gobierno, sublevándose contra España."

El primo de Hakluyt, también llamado Richard, se pronunció más francamente: "Las metas de este viaje son éstas: Uno, implantar la religión cristiana; dos, traficar; tres, conquista; o, de hacer todos los tres."

El filósofo John Stuart Mill consideró la conquista de India "no sólo ser la más pura en intención, sino también uno de los actos más caritativos que la humanidad jamás conoció". Nunca jamás hubo tal trecho entre "intención" y realidad. La riqueza de India fue saqueada, su industria textil destrozada, y su gente sujeta a trabajo forzado y una devastadora hambruna tras otra.

La conquista del Congo por el rey Leopoldo de Bélgica también fue justificada como una empresa humanitaria. La Asociación Africana Internacional fue fundada por Leopoldo en 1884 "con el propósito de promover la civilización y el comercio en África, y por otras razones humanas y benévolas," incluso la de detener el tráfico de esclavos.

Pero la verdadera meta belga fue otra, descrita por E.D. Morel, comprometido activista que expuso el asesinato de millones de africanos, por un afán de lucro descontrolada:

"Su único propósito fue de extraer tanto caucho como fuera posible en el tiempo más corto, para así inflar sus valores en la Bolsa. Para esto fue necesario un permanente estado de guerra en todo el Congo... Un acto de sumisión política tras la masacre de hombres desarmados por hombres armados, eso no bastó.

"La comunidad, el clan o la tribu, debe producir caucho y seguir produciéndolo, debe ser abatida una y otra vez, torturada por medio de sus mujeres, privada de casas y de provisiones; hasta ser quebrada, acechada, hambrienta, fugitiva, desesperada, hasta que toda capacidad de resistir las demandas, por atroces que sean, toda tira de dignidad propia, hubiera desvanecido. Por 20 años en el Estado Libre de Congo, durante 10 años (al menos) en el Congo francés, este proceso ha seguido, sus víctimas alcanzando millones".

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ESTADOS UNIDOS ha sido particularmente hábil en presentar su larga historia de conquistas continentales y extranjeras como impulsadas por motivos puros.

Cuando EE.UU hundió la flota española en la bahía de Manila, ocupó el país con tropas, y reclamó las Filipinas como una colonia norteamericana, así hizo en nombre de la justicia y la libertad.

"Será el deber del comandante de las fuerzas de ocupación," escribió el presidente William McKinley en 1898, "anunciar y proclamar en la manera más pública que venimos no como invasores ni conquistadores, sino como amigos, para proteger las casas, los empleos, y los derechos personales y religiosos de los nativos."

Durante los siguientes cuatro años, EE.UU condujo una guerra de saqueo contra la población filipina. Las tropas estadounidenses masacraron a 3.000 filipinos en Manila en un solo día en 1899. El Tribune, periódico de Chicago, justificó la masacre alegando que "sólo aplastando a los filipinos, podríamos asegurar nuestra posición. Somos los fideicomisarios de la civilización y la paz en todas las islas".

Actuando en estos finos sentimientos, el general Jake Smith condujo una sangrienta campaña en la isla de Samara, ordenando a sus tropas matar a cualquier persona sobre 10 años de edad.

EE.UU llevó a cabo una maniobra idéntica en Cuba, arreando apoyo popular para la conquista de la isla (que EE.UU codiciaba por su riqueza azucarera y su estratégica ubicación) levantando indignación por la supresión brutal del movimiento nacional cubano por parte de España.

En la víspera de su fácil victoria sobre una España debilitada por la guerra de liberación nacional llevada a cabo por los propios cubanos, el New York Times publicó una editorial que tiene una reciente connotación: "Hemos prometido la independencia al pueblo de Cuba, y cumpliremos nuestra promesa, pero es nuestro deber asegurar que esto no resulte en un mal régimen." Es decir, la democracia es permitida siempre y cuando los pueblos elijan los líderes "correctos".

Continúa la editorial, EE.UU "no puede ceder el poder que necesita para asegurar esto. Sin duda, esta sugerencia encontrará criticismos que señalan su inconsistencia con la teoría del autogobierno por parte de la mayoría de los habitantes. Pero esa teoría, como todas las otras, tiene sus límites prácticos".

¿Qué justifica la negación de la autodeterminación democrática al pueblo cubano? Según el New York Times, el pueblo cubano es "una mera fracción de la población que contendrá la isla... dentro de unos pocos años".

La editorial concluye: "los sacrificios económicos y de vidas que hemos hecho, claramente nos otorgan el derecho de fijar las condiciones bajo las cuales se asegurará el cumplimiento de estos principios, y de retener cualquier poder que sea necesario para hacer respetar estas condiciones".

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¿PODEMOS tomar en serio la idea de que los grandes poderes intervienen en el mundo para ofrecer ayuda a los que la necesitan?

Una hipótesis más creíble es que las naciones poderosas deciden lo que tienen que hacer para poner en primer lugar sus propios intereses económicos y geo-estratégicos, y luego inventan las excusas que necesiten para justificar sus acciones.

Cuando oímos de intenciones nobles --las mentiras destinadas al consumo público-- debemos recordar las palabras ocasionalmente más honestas de planificadores y hombres de estado. Por ejemplo, las de George Kennan, que formuló la doctrina de contención de la URSS, en un memorándum de 1948:

"Tenemos alrededor 50 por ciento de la riqueza del mundo, pero sólo 6,3 por ciento de su población. Nuestra verdadera tarea en el período que viene es inventar una red de relaciones, que nos permitirá de mantener esta posición de disparidad, sin perjudicar positivamente nuestra seguridad nacional. Para hacerlo, tendremos que dejar de lado todo sentimentalismo e sueños infantiles; y tendremos que fijar nuestra atención en todas partes a nuestros objetivos nacionales inmediatos...

"Debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irreales tales como los derechos humanos, el incremento del estándar de vida y la democratización. No tarda el día en que vamos a tener que lidiar en conceptos directos de poder. Lo menos que los lemas idealistas nos perturben, lo mejor".

Sin embargo, ningún poder imperialista puede dejar de hablar de altruismo porque no se vende bien enviar a jóvenes norteamericanos a matar y a morir por el petróleo, los mercados y el imperio.

Traducido por Brian Chidester

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