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Catástrofe en Haití febrero-marzo de 2010 | página 4
PARA ENTENDER la raíz del desastre en Haití, es necesario conocer la historia del imperialismo norteamericano en ese país. Al respecto, escribe ASHLEY SMITH.
EL PEOR terremoto en los últimos 200 años golpeó Port-au-Prince el 12 de enero, arrasando la ciudad y matando a un número incalculable de personas. El sismo derribó barrios, hoteles, hospitales y edificios gubernamentales, incluyendo el palacio presidencial. El colapso de miles de estructuras provocó una nube de polvo que cubrió la ciudad entera.
Según algunos estimados, más de 100,000 vidas humanas se perdieron, en una ciudad de 2 millones de personas. Hoy, los sobrevivientes viven a la intemperie, con miedo de regresar a cualquier edificio aún en pie.
"Una inimaginable catástrofe" describió el presidente haitiano René Préval, al hacer un llamado por ayuda humanitaria, "[e]l parlamento se ha derrumbado. La oficina de impuestos se ha derrumbado. Las escuelas se han derrumbado. Hospitales han colapsado. Hay muchas escuelas con un montón de muertos en ellas. Los hospitales en pie están llenos".
El frágil gobierno de Preval fue incapaz de responder a la crisis, y las Naciones Unidas --que ocupa Haití, con casi 9,000 soldados-- no estaba preparada para manejar la situación. Muchos oficiales y tropas de la ONU murieron bajo las ruinas de su propia sede.
El portavoz de la Cruz Roja Internacional, Paul Conneally, dijo que 3 millones Haitianos necesitan ayuda inmediata... Las Naciones Unidas, EE.UU., la Unión Europea, Canadá y numerosas otras organizaciones no gubernamentales (ONG) han prometido ayuda humanitaria.
La gran mayoría de la gente reaccionó a la crisis buscando una manera de ayudar o donar dinero, pero fanáticos religiosos de la derecha cristiana en EE.UU., como Pat Robertson, aprovecharon la oportunidad para profundizar el racismo. Robertson postuló que los haitianos fueron maldecidos con el cataclismo por haber realizado un pacto con el diablo para liberarse de los franceses hace dos siglos.
Los medios corporativos han informado que el movimiento de las placas tectónicas a lo largo de una falla por debajo de Port-au-Prince causó el terremoto-- y que la pobreza de Haití y la incapacidad del gobierno de Préval hizo el desastre mucho peor. Pero más allá de esta apariencia no ha profundizado.
"El modo en que los medios cubren el terremoto se caracteriza por un divorcio casi total entre la catástrofe y la historia social y política de Haití," expresó Yves Engler, activista de Canadian Haiti Solidarity. "Ellos repetidamente mencionaron que el gobierno no estaba preparado para hacer frente a la crisis. Esto es cierto. Pero no preguntaron por qué."
¿Por qué, como lo reconoce el mismo alcalde de la ciudad, el 60 por ciento de los edificios en Port-au-Prince fueron construidos pobre y peligrosamente? ¿Por qué no hay reglamentos de construcción en una ciudad que se encuentra sobre una falla tectónica? ¿Por qué Portau- Prince creció de 50,000 habitantes en 1950 a 2 millones de personas desesperadamente pobres? ¿Por qué fue el estado totalmente dislocado por el sismo?
Para entender estos hechos, tenemos que mirar a una segunda falla tectónica: Estados Unidos y su política imperialista en Haití. El gobierno de EE.UU., la ONU y otras potencias han ayudado a la élite haitiana a someter el país a los planes económicos neoliberales que han empobrecido a las masas, deforestado la tierra, y destruido la infraestructura, incapacitando al gobierno.
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Durante la Guerra Fría, EE.UU. apoyó la dictadura de Papa Doc Duvalier y Baby Doc Duvalier --quienes gobernaron el país desde 1957 hasta 1986-- en su lucha anti-comunista contra del gobierno de Castro en Cuba.
En la década de los setenta y bajo la dirección de Washington, Baby Doc Duvalier abrió la economía del país al capital e importaciones agrícolas estadounidenses, destruyendo la agricultura campesina nacional. Como resultado, cientos de miles de campesinos desplazados se radicaron en las favelas de Port-au-Prince, donde podían trabajar, por salarios bajísimos, en las maquilas clandestinas ubicadas en las zonas francas que exportan bienes a EE.UU.
En los ochentas, los haitianos se rebelaron para sacar a los Duvalier del poder. Luego, eligieron al reformista Jean-Bertrand Aristide como presidente, con una plataforma que incluía la reforma agraria, asistencia a los campesinos, reforestación, inversión en infraestructura, aumento de salarios y derechos sindicales para los obreros y obreras en las maquiladoras.
EE.UU. respondió respaldando un golpe de estado que sacó a Aristide del poder en 1991. En 1994, el presidente electo fue restaurado en el poder cuando Bill Clinton envió tropas estadounidenses a la isla, a condición de que Aristide pusiera en marcha el plan neoliberal de Washington, llamado por los haitianos el "plan de la muerte".
Aristide resistió algunas de las partes del programa americano, pero permitió la aplicación de otras y abandonó las reformas que prometió. Eventualmente, EE.UU. perdió la paciencia cuando reconoció que no podía obtener de Aristide obediencia completa, luego de exigir de EE.UU. $21 mil millones en reparaciones. Estados Unidos impuso entonces un embargo económico que estranguló el país y hundió a campesinos y trabajadores aún más en la pobreza.
En el 2004, Washington colaboró con la élite gobernante de Haití apoyando escuadrones de la muerte que derrocaron a Aristide, secuestrando y deportándolo. Las Naciones Unidas enviaron tropas para ocupar el país, y el gobierno marioneta de Gérard Latortue fue instalado para seguir los planes neoliberales de Washington.
El breve régimen de Latortue fue totalmente corrupto-- él y sus compinches se echaron al bolsillo gran parte de los $4 mil millones EE.UU y otras potencias invirtieron cuando se puso fin al embargo. El régimen desmanteló las leves reformas que Aristide puso en práctica. Así, se aceleró el modelo de empobrecimiento y degradación del país y de su infraestructura.
En las elecciones del 2006, la población de Haití votó para presidente a uno de los viejos aliados de Aristide, René Préval. Sin embargo, Préval ha sido una figura débil que ha colaborado con los planes de EE.UU. y no ha hecho frente a la creciente crisis social.
De hecho, Estados Unidos, las Naciones Unidas y otras potencias imperialistas han pasado por encima del gobierno Préval, y en lugar de invertir en el gobierno, han invertido en organizaciones no gubernamentales (ONG's) en Haití. "Haití tiene ahora el más alto per cápita de ONG's en el mundo", dice Yves Engler. El gobierno de Preval se ha convertido en una gobierno de papel, las decisiones importantes son tomadas por los poderes imperialistas a través de las ONG's.
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En el Reporte de las Américas de NACLA, Dan Beeton escribió en "La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, que inició su misión en junio de 2004, ha sido prolífica en escándalos de asesinatos, violaciones y otros actos de violencia, perpetrados por sus tropas, casi desde que comenzó."
Los gobiernos anteriores, y ahora el de Obama, han utilizado el golpe de Estado y las crisis sociales y naturales para ampliar los planes neoliberales de Washington.
Bajo Obama, EE.UU. ha concedido $1.2 mil millones a Haití en alivio de la deuda, pero sin cancelar la deuda-- y el país sigue pagando grandes sumas de dinero al Banco Inter-Americano de Desarrollo. El alivio a la deuda es sólo un maquillaje de lo que la verdadera política de Obama en Haití es.
En estrecha colaboración con el nuevo Enviado Especial de las Naciones Unidas a Haití, el ex presidente Bill Clinton, Obama ha impulsado un programa económico familiar para la mayor parte del resto del Caribe-- el turismo, maquiladoras y el debilitamiento del control estatal sobre la economía, mediante la privatización y la desregulación.
En particular, Bill Clinton ha orquestrado un plan para convertir el norte de Haití en un parque turístico, lo más lejos posible de las favelas de Port-au-Prince. Clinton atrajo la inversión de $55 millones por parte de la Royal Caribbean Cruise Lines para construir un muelle a lo largo de la costa de Labadee, a cambio recibió un contrato hasta el 2050.
Desde ahí, la industria turística haitiana planea ofrecer expediciones al municipio de Milot, transformado "en una animada villa turística, con mercados de artesanías, restaurantes y calles empedradas. Para llegar, los invitados pasaran en ferry la bahía Cap-Haïtien, para luego ser transportados en autobús a plantaciones campesinas [esclavas] del pasado", como reportó el Miami Herald.
También en ese lugar se encuentran la Citadelle, una fortaleza en la montaña, y el Palacio de Sans-Souci, ambos construidos por un líder de la revolución de los esclavos en Haití, Henri Cristophe. Por supuesto Clinton no cree que la revolución haya sido un pacto con el diablo, como Robertson, pero ciertamente piensa que la puede convertir en una atracción turística.
Además, desde antes del terremoto, el plan del ex presidente ha sido la expansión de la industria maquiladora en Haití para sacar provecho de la masiva disponibilidad de mano de obra barata. La vestimenta que Haití exporta ya se comercializa sin aranceles, haciendo más fácil el retorno de la maquila, y los talleres clandestinos, al país.
Clinton celebró las posibilidades de la vuelta de la maquila en tour con una empresa textil adueñada por Cintas Corp. Él anunció que George Soros había ofrecido $50 millones para un nuevo parque industrial de maquiladoras, creando 25 mil empleos en la industria del vestido. En una conferencia de prensa, Clinton explicó que Haití puede crear "más trabajo bajando el costo de hacer negocio..."
Cuando Obama designó a Clinton --y a Bush-- como los líderes de los esfuerzos americanos en Haití, él endorsó la misma política de sus predecesores: la ayuda a una represiva élite local, dedicada a facilitar a las corporaciones internacionales sacar provecho del trabajo barato, y ahora desesperado, de los haitianos.
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Cómo Yves Engler nos previene: "La ayuda en Haití siempre ha sido utilizada para promover los intereses imperialistas. Esto es evidente al observar la diferencia entre cómo EE.UU. y Canadá trataron los gobiernos de Aristide y el golpista. A Aristide le fue negada casi toda ayuda, pero después del golpe, EE.UU. y Canadá abrieron el flujo de dinero para apoyar algunas de las fuerzas más reaccionarias de la sociedad haitiana.
Por tanto, debemos denunciar cualquier intento por parte de EE.UU. u otra potencia a utilizar la crisis para imponer aún más su programa sobre el postrado país.
Debemos vigilar también del trabajo de las ONGs internacionales. Las ONG no responden ni al Estado ni a la población haitianos. Y si bien muchas tratan de ayudar, EE.UU. y otros gobiernos canalizan ayuda a través de ellas con el fin de socavar el derecho la auto determinación del pueblo haitiano.
La administración de Obama debe también levantar inmediatamente la prohibición al retorno de Aristide. Él y su partido, Fanmi Lavalas, siguen siendo la fuerza política más popular del país y deberían tener el derecho a participar en una votación abierta y justa.
Pero al contrario, es el traficante de drogas y líder golpista, Guy Philippe, y su partido el Frente para la Reconstrucción Nacional (FRN), el cual no cuenta con la objeción de Washington para participar en el proceso electoral.
En la semana después del terremoto, EE.UU. anunció la suspensión de las deportaciones a Haití y otorgó el estatus de protección temporal (TPS) para los inmigrantes haitianos indocumentados. Pero esto no es suficiente. Los haitianos necesitan, particularmente hoy, todas las fronteras abiertas.
En cambio, DHS está abriendo lugares de detención para refugiados haitianos en Miami, buques de guerra están creando un cerco alrededor de la isla, mientras una de las tareas de la nueva y creciente ocupación estadounidense de la Haití es advertir a los haitianos, desde un avión por cinco horas cada día: "Escuchen, no se apuren a los botes... Si piensas que llegaras a Estados Unidos y todas las puertas se abrirán, eso no es cierto. Ellos te interceptarán en el agua y te enviarán de vuelta a donde saliste", de acuerdo a reporte del New York Times.
En el pasado, Estados Unidos no ha escatimado en usar cualquier medida para reprimir toda resistencia a su agenda, y cualquiera puede observar como ahora ha priorizado el envió de tropas y equipo militar tanto o más que el envió de ayuda comunitaria.
El desastre natural fue terrible, pero la catástrofe humana tiene una causa innatural. El capital y la bota americanos han mantenido el Estado y la sociedad haitianos erosionados, su infraestructura, edificios y la vivienda corroídas, y la vida obrera y campesina pauperizada. ¿Por qué hemos de creer que esta vez será diferente?
Traducción por Alma Torres
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