La derecha triunfa en Chile

febrero-marzo de 2010

MARIO F. VENEGAS, exiliado político de la dictadura del General Pinochet y coordinador del Comité Permanente por Chile de Chicago, opina sobre el triunfo electoral de Sebastián Piñera en Chile.

TERMINADO EL recuento electoral que dio a Sebastian Piñera un 51.6% de la votación y a Eduardo Frei el 48.4%, la escena mostrada en la TV chilena del encuentro de la familia Frei con la familia Piñera simboliza el resultado electoral y lo que estaba en juego en esta elección. Los sectores políticos que representan y defienden los intereses de los sectores dominantes, tanto en el plano nacional como internacional, podían felicitarse mutuamente. Abrazos, elogios, flores y besos entre ellos lo mostraban todo.

Bien lo dijo Alberto Cardemil, Diputado del Congreso y ex-ministro de Pinochet: "con esta elección se termina el período de transición". En otras palabras se restablece la unidad de los sectores dominantes y la alternancia en el gobierno consolida el modelo de dominación.

Pero un dato no menor, es que de los doce millones de chilenos con derecho a voto, solo están inscritos en los registros electorales 8 millones 285 mil. Cientos de miles simplemente no votaron, votaron en blanco, o anularon el sufragio. Esto habla del cansancio de millones de chileno con un sistema que los anula y claramente no los representa.

Sebastián Piñera es un triunfador nato. Nacido en el seno de una familia demócrata-cristiana, con excelentes vinculaciones políticas, hermano de Jose Piñera, economista que diseñó el Código Laboral que impuso Pinochet, para adecuar el capitalismo nacional a los requerimientos del capital transnacional. Sebastián Piñera, a lo largo de su vida empresarial y política, ha demostrado tener pocos escrúpulos para acumular poder y riquezas (calculada entre 4-6 billones de dólares)

Los resultados de la elección presidencial nos muestran la continuación lógica del consenso neoliberal llevado a cabo por la Concertación de los Partidos por la Democracia, "coalición de centro izquierda" que se formó al calor del Plebiscito que diera por triunfador al NO, lo que implicó que Pinochet no pudo quedarse en el poder como eran sus intenciones.

Hoy la Derecha más reaccionaria y con bases en el Pinochetismo, asume directamente la administración del modelo. Sus viejos lazos con la CIA y los nuevos con la administración Obama nos hacen temer que comprometa a Chile en una política que facilite el intervencionismo norteamericano, eliminando las pocas barreras de contención al capital extranjero, intensificando depredación forestal, salmonera, pesquera y energética, y reforzando el eje pro imperialista en América Latina.

En este nuevo Gobierno --junto con la llegada de personajes indeseables e inescrupulosos ¬como el propio Piñera-- podemos esperar políticas como que aumenten la represión laboral y la precariedad de la gente de trabajo, y la persecución policial y judicial a todos aquellos que se atrevan a movilizarse en defensa de sus derechos, de la tierra ancestral, de la soberanía popular y nacional. Si el Pueblo Mapuche ha sido reprimido durante el Gobierno de la Concertación, es de esperar como esa represión aumentara con el Gobierno de Piñera.

En el terreno de la Justicia por los Derechos Humanos violados durante la Dictadura, Jovino Novoa el Presidente del Senado, ex-ministro de Pinochet y aliado del presidente electo, ha manifestado su negativa a mantener abiertos procesos relativos a los crímenes ocurridos en el gobierno militar.

Al asumir directamente la derecha la administración del modelo y el mantenimiento del orden social, se termina con la hipocresía de tener en el Gobierno a una camarilla de oportunistas, que hace mucho tiempo abandonaron la lucha por más libertad y democracia, transformando la política en una repartija vergonzosa de cargos y prebendas en el aparato público, y que en la práctica operaba como colchón de amortiguamiento de la luchas sociales. Estos oportunistas podrán incluso ser co-optados a labores de Gobierno y trataran de darle un corte populista con algunas migajas para el pueblo pobre; pero este pueblo no se dejara engañar.

El triunfo de Sebastián Piñera, mas que ser un logro de la derecha, es producto del cansancio ciudadano con los partidos de la Concertación y sus aliados.

La Concertación gobernó durante 20 años, venciendo a la derecha en 4 oportunidades en elecciones muy competitivas. Fue la coalición de gobierno de mayor duración en la historia de Chile y no se puede dejar de reconocer algunos logros y transformaciones importantes. Basta ver que Chile en 1990 estaba en 6o lugar de la región latinoamericana en el Índice de Desarrollo Humano y ahora está en 1er lugar. Los indicadores de salud y educación así lo muestran también. Lo mismo ocurre en ingreso per cápita y fortaleza económica.

Aun así, después de estos 20 años, Chile sigue siendo un país injusto y atrasado culturalmente, pero ya no se puede decir que es un país económicamente atrasado. Hoy dispone de gigantescos excedentes que, bien aplicados, permitirían un salto al desarrollo y la igualdad. Igualdad que la política económica excluyente y fortalecida en el neoliberalismo, en vez de lograr, produjo una diferencia profunda entre los muy pocos que acumulan el capital (como Sebastián Piñera) y las grandes mayorías que se empobrecen día a día más.

La Concertación no supo romper la desigualdad, no quiso dar una batalla contra la cultura conservadora, no abrió paso a las organizaciones de la sociedad civil. Los sindicatos de trabajadores industriales y agrícolas, de empleados públicos, las organizaciones populares no se desarrollaron ni alcanzaron sus niveles de lucha por sus derechos.

La lucha de clases inevitablemente se agudizara, al intensificarse la expoliación de los trabajadores y los territorios. Por lo tanto la tarea inmediata es reagrupar las fuerzas anticapitalistas tras las banderas de la soberanía frente al imperialismo, respeto irrestricto a los derechos de los pueblos, no mas privatización y saqueo de los recursos naturales, respeto por los derechos ancestrales de los pueblos originarios y el medio ambiente.

La propuesta progresista, que en un primer momento levantaron los partidos de la Concertación para hacer frente a la Dictadura de Pinochet no fue derrotada en este día de elecciones por parte de la derecha, sino que fue derrotada por la propia Concertación y no en un día, sino por el accionar de varios años y de varios gobiernos.

Es al pueblo organizado a quien le cabe el rol de volver a ser protagonista. Debemos impedir que los mismos oportunistas que traicionaron las esperanzas del NO a la Dictadura en el plebiscito, vengan luego a instalarse en las barricadas del movimiento popular, a apropiarse de las banderas y las luchas que los sectores mas conscientes han mantenido en alto mientras otros sacaban provecho del Gobierno.

Los pobres de la ciudad y el campo, trabajadores todos, obreros, campesinos, pobladores, organizaciones de mujeres, organismos de Derechos Humanos, el movimiento estudiantil junto a intelectuales y profesionales progresistas tenemos la obligación de construir los espacios de encuentro que nos permitan levantar nuestras propuestas y fortalecer nuestro niveles de lucha. Debemos reconstruir la unidad del conjunto del pueblo.

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