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¡Ahora es nuestro momento! ¿A dónde va el movimiento LGBT? octubre-noviembre de 2009 | página 4
PARA LOS cientos de miles que marcharon por la total igualdad de derechos para la comunidad LGBT (Lesbianas, Homosexuales, Bisexuales y Transexuales) el pasado 11 de octubre en Washington D.C, la lucha continúa. Pero qué estrategia domine la lucha será clave para su futuro.
En el pasado, la noticia en septiembre de que el representante de Nueva York, Jerry Nadler, propuso una legislación para revocar el Acta de Defensa del Matrimonio (DOMA por sus siglas en inglés) habría sido suficiente para calmar las demandas de los activistas por los derechos de la comunidad. Pero la Marcha Nacional por la Igualdad demostró que el movimiento hoy no está dispuesto a esperar por migajas.
La propuesta de Nadler es bienvenida, pero viene siete meses después de la asunción de un presidente que prometió revocar DOMA, y entre los comentarios de líderes demócratas, como Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, de que deshacerse de la ley federal contra la igualdad de matrimonio no es una "prioridad". Esto destaca el paso sumamente cansino que los derechos de la comunidad LGBT tienen en la legislatura y la bancarrota de la estrategia incremental que ha orientado al movimiento LGBT por décadas.
Semejante a la campaña por los derechos constitucionales de la mujer, por medio de la ahora moribunda Enmienda por la Igualdad de Derechos --iniciada en 1923, reintroducida en 1972, pero que nunca ganó en los 38 estados requeridos--los que dirigen la estrategia gradualista del movimiento LGBT han abogado por un enfoque legislativo de estado a estado para lograr el cambio.
La marcha de octubre expresó claramente que muchos en el movimiento LGBT entienden que si la meta es igualdad de derechos en todos los asuntos gobernados por las leyes civiles en todos los 50 estados, entonces debemos que exigírselos al gobierno federal.
La movilización fue la culminación de una etapa de construcción de fuerzas en el movimiento que comenzó en noviembre pasado, luego de que California aprobara la Proposición 8, un referéndum contra la igualdad de derecho al matrimonio, y que continuó con miles de jóvenes organizando de ciudad en ciudad, en la calle, de boca a boca y haciendo uso de la tecnología provista por Twitter y Facebook.
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Obama fue el primer presidente que pronunció públicamente la palabra transexual y que honró en junio el aniversario de la rebelión de Stonewall de 1969. Pero su Ministerio de Justicia, de forma insultante antes de oponerse a DOMA, primero la apoyó y defendió.
La relación entre activistas LGBT y el Partido Demócrata ha sido disfuncional. Los demócratas cortejan los votos y el dinero de la gente LGBT, pero en cambio ofrecen pocos avances y una buena cantidad de abusos.
En particular, el representante Barney Frank, abierto homosexual, se ha negado a apoyar la propuesta de Nadler para revocar DOMA, diciendo que "No es factible a corto plazo". Frank, quien ha estado muy ocupado en estos días regalando montones de dinero a los banqueros de Wall Street, fue también instrumental para dejar a los transexuales fuera de la legislación propuesta contra la discriminación en el empleo del 2007.
Para los activistas LGBT cortejados por los Demócratas, el precio de jugar es el abandono de la estrategia militante que llamó la atención del mundo en los años setenta, a cambio de un enfoque que "no agite las aguas".
Han pasado treinta y cinco años desde que una legislación por los derechos civiles de la comunidad LGBT fue propuesta en el Congreso, pero la comunidad permanece sin protecciones. Mientras, por ejemplo, la negación del derecho de los homosexuales a trabajar en el gobierno federal fue decretada por la pluma de un presidente, con la Orden Ejecutiva 10450 en 1953, ninguna acción así de rápida ha sido tomada para anular décadas de discriminación institucional.
Cuando Bill Clinton estuvo en la Casa Blanca, le tomó casi seis años para firmar la Orden Ejecutiva 11478, proporcionando algún alivio a los empleados federales gay y lesbianas--pero sin incluir a 3 millones de personas en las FF.AA. Además, su acción dejó intactas las leyes contra la sodomía (finalmente anuladas por la Corte Suprema en el 2003).
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Al hierro se le golpea mientras aun está caliente. Hoy, las plataformas políticas cambian rápidamente, y los grupos e individuos necesitan subirse a bordo o hacerse a un lado, para permitir que una nueva generación siga empujando por la completa igualdad.
Cuando Cleve Jones, colaborador de Harvey Milk, hizo el llamado a la Marcha Nacional por la Igualdad, casi todos los más antiguos y grandes organizaciones del movimiento LGBT se resistieron, declarando que no había suficiente tiempo y que una marcha no era la estrategia correcta. Pero la fuerza de los acontecimientos y el sentimiento popular las obligó a respaldar esta movilización.
Así lo hizo la Campaña por los Derechos Humanos (HRC por sus siglas en inglés). Aun así una señal positiva que la HRC haya sentido la presión y decidido a apoyar la marcha, sin que los activistas organizándola a nivel local hayan tenido que diluir sus demandas.
A diferencia de marchas más recientes, ésta no fue patrocinada por Cerveza Miller, ni Citibank, ni cualquier otra entidad corporativa. Su escaso presupuesto fue anunciado en su sitio de web, mientras celebridades como Cyndi Lauper y Lady Gagá ofrecieron sus servicios, pagando sus propios gastos. El movimiento que protagonizó la marcha de octubre viene de abajo.
Estos nuevos activistas han demostrado la forma de adelantar la lucha. Cuando a finales de agosto, las lesbianas afro-americanas Aiyi'nah Ford y Torian Brown fueron arrojadas de un restaurante en Silver Springs, Mariland, por haberse abrazado, primero llamaron una protesta, luego se lanzaron a organizar la marcha en Washington.
Una redada policial en el bar Rainbow Lounge en Fort Worth, Tejas--llevada a cabo en la misma noche del 40 aniversario de la rebelión Stonewall--resultó en lesiones y una visita a la sala de emergencia para un cliente del bar, Chad Gibson. La indignada comunidad LGBT local convocó a una protesta y luego se organizó para la marcha del 11 de octubre. Igual hizo la comunidad en Atlanta, que respondió con protestas después de una redada a principios de septiembre en el bar Eagle.
Todas estas acciones han llegado a ser noticias internacionales y presionan a las autoridades a disculparse y cambiar sus políticas.
Muchas personas transexuales, acostumbradas a ser marginadas, se metieron de lleno a organizar esta marcha--desde la activista veterana de Florida, Donna Lee, quien participó en el comité timón, a gente radicalizada más recientemente, como Dove Paige Anthony de Únete al Impacto (en inglés: Join the Impact) de Chicago. Las voces transexuales también fueron escuchadas desde la tarima en Washington D.C.
La marcha ayudará a hacer hincapié en que éste es un momento decisivo para los derechos civiles de la comunidad LGBT. Una nueva red de grupos activistas ha surgido de esta marcha: Igualdad a través de América. Concorde con lo que el activista de Massachusetts, Gary Lapon, dijo antes de la marcha: "Nosotros no organizamos simplemente para protestar, sino que protestamos para organizar".
El nuevo sentimiento por la igualdad LGBT es un reflejo de una generación que creció con una exposición cultural inaudita a la variedad sexual y de género. Pero a la vez vive bajo leyes draconianas y con estrategias organizativas que asfixian el dinamismo y cierran el debate.
Ya no más tenemos que moldear nuestras demandas para la conveniencia del conservadurismo de una época pasada. ¡Nosotros queremos todo!
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