Indignación ante las elecciones en México

agosto-septiembre de 2009

SHANE DILLINGHAM y AFSANEH MORADIAN reportan desde Oaxaca tras las elecciones que resultó en el triunfo del anterior partido dominante.

LAS ELECCIONES al congreso mexicano, que se celebraron el 5 de julio, demuestran la grave crisis política y económica del país.

Los comicios a la Asamblea Nacional y a los gobiernos estatales y ayuntamientos efectivamente entregaron una mayoría del 36.6 por ciento al Partido Revolucionario Institutional (PRI).

El PRI, que se mantuvo en el poder por medios autoritarios por casi 70 años hasta el fin de los 1990, no ganó a causa de su popularidad. Al contrario, el PRI recuperó su apoyo debido a las debilidades de los otros partidos, el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el conservador Partido de Acción Nacional (PAN), que ocupa la presidencia de la nación.

Dadas las circunstancias, la máquina política del PRI motivó a un número suficiente de sus partidarios para darle la mayoría en el congreso.

La falla del PAN de movilizar a los votantes se deriva de las políticas desastrosas de presidente Felipe Calderón ante la crisis económica.

La economía mexicana, y en particular la industria turística, ha sufrido severamente como resultado del brote de la gripe porcina. Además, Calderón ha fallado de formular un plan nacional de recuperación económica. Por ejemplo, Calderón repartió los fondos de emergencia designados para la crisis de influenza a los mayores hoteles y restaurantes, en vez de entregarlos a la clase obrera mexicana.

La escala de la crisis económica en México no puede ser minimizada. Con su economía está vinculada estrechamente a EE.UU., el país está experimentando un fuerte descenso del empleo, Las zonas industriales a lo largo de la frontera y en el interior se han visto una caída de hasta el 40 por ciento en exportaciones a EE.UU. Las remesas de mexicanos que trabajan en EE.UU. declinaron un 19.8 por ciento en mayo. Además se espera que el producto interno bruto se reduzca un 6.3 por ciento según el Banco de México.

En lugar de enfrentar la crisis, Calderón ha derrochado grandes cantidades de dinero y recursos humanos en su guerra contra los narcotraficantes, la que sólo ha aumentado el nivel de la violencia en México y que parece estar fallando incluso en sus propios términos.

La izquierda y las organizaciones extranjeras por la defensa de derechos humanos han señalando que el gobierno ha usado la guerra contra los narcotraficantes para reprimir las movilizaciones sociales. Human Rights Watch reportó que muchas de las primeras detenciones realizadas por el ejército se centraron en militantes de los movimientos sociales en el norte del país.

Más aun, un reciente escándalo por un incendio en una guardería infantil privatizada provocó una oleada de cólera a través del país. A pesar de las horribles imágenes de los cuerpos quemados de niños recuperados del edificio, no se han culpado ni un solo oficial por la tragedia, debido a sus conexiones personales a los políticos de alto rango de PRI y PAN.

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A LA vez, las fuerzas liberales y de izquierda mexicanas están en un estado de desarreglo. Después que la elección del 2006 en la cual Calderón se declaró ganador a pesar de que mucha gente creía que su partido habían robado las urnas, el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador (o AMLO, cómo él se llama por sus siglas) dirigió una masiva movilización social para protestar el resultado.

Pero el estilo caudillista de AMLO se ha ganado la antipatía de muchos, y las divisiones internas del PRD revelan que no tiene ningún proyecto alternativo claro sobre el cual las campañas locales pueden ser construidas. De hecho, mientras AMLO insistía considerarse todavía un militante del PRD, él hizo campaña activamente por la más pequeña Convergencia, una alianza política de la izquierda.

Así, con los tres partidos políticos principales perdiendo credibilidad, una discusión substancial se desarrolló, primero en los partidos de izquierda, pero que difundió en los principales medios de comunicación acerca del llamado "voto en blanco", donde los votantes decidieron estropear sus papeletas electorales o votar por un candidato no asociado con los principales partidos.

Esta acción tuvo tanta resonancia entre los mexicanos que forzó a los partidos dominantes y las instituciones gubernamentales como el Instituto Federal de Elecciones a lanzar una campaña para persuadir a los mexicanos a votar. Dentro de los círculos izquierdistas, hubo un debate acerca de votar por el mal menor, el PRD, o de votar en blanco.

El resultado final reveló un voto en blanco del 6 por ciento al nivel nacional, uno o dos puntos porcentuales más alto que lo normal. No obstante, la difusión del debate reflejó que hay mucha oposición a los partidos del establecimiento, y que la gente quiere algún tipo de alternativa política.

En el estado sureño de Oaxaca, el voto nulo logró a 10 por ciento de la votación, debido a una campaña encabezada por el sindicato de maestros y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).

Dado a que la abstención en Oaxaca alcanzó a 60 por ciento, la votación en nulo dependió de una vocal e indignada minoría. En junio, cientos de miles de maestros y sus simpatizantes marcharon en Oaxaca para conmemorar el tercer aniversario de la violenta represión del movimiento magisterial en el 2006.

En el verano de 2006, la violencia del gobierno estatal contra un plantón pacífico de los maestros provocó una rebelión popular que movilizó no sólo a 70.000 maestros, sino además a cientos de miles de oaxaqueños para demandar la renuncia del corrupto e ilegitimo gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

El movimiento se expandió, por medios de la creación de asambleas populares que señalaban a un tipo de gobierno radicalmente distinto del actual, basado en la democracia participativa.

Las elecciones nos demuestran la ira popular por la crisis que aparece incesante y la carencia de alguna alternativa política creíble. Tanto en Oaxaca como en la nación entera, la izquierda política está fragmentada y no es obvio cómo van a reaccionar los trabajadores mexicanos durante los meses venideros.

El movimiento oaxaqueño no se ha recuperado de su derrota del 2006. A nivel nacional, la izquierda está luchando sobre cómo construir los movimientos sociales desde la base y de manera independiente del PRD que, a pesar de su larga conexión a los movimientos sociales, se ve cada vez más como parte del establecimiento que no sirve para nada.

Traducido por Lance Selfa

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