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La guerra buena crece abril-mayo de 2009
ELIZABETH SCHULTE analiza la decisión de Barack Obama de enviar 17.000 soldados más a Afganistán.
EN NOVIEMBRE, millones votaron por Obama porque vieron en él al candidato contra la guerra. A finales de febrero, el presidente Obama dio la orden de desplegar otras 17.000 tropas estadounidenses a Afganistán.
El despliegue comienza en mayo y, para el verano, el número de tropas americanas en Afganistán aumentará a 50.000 tropas, a las que se suman las 32.000 de la OTAN -Alemania, Canadá, Gran Bretaña y Holanda.
Los 17.000 son un poco más de la mitad de los 30,000 que solicitaron el general David McKiernan, comandante en jefe de la operación conjunta de EE.UU. y la OTAN en Afganistán, y el general David Petraeus, jefe del Comando Central.
McKiernan dice que los 17,000 soldados adicionales "nos darán lo que necesitamos" para los meses del verano y para las elecciones afganas del próximo 20 de agosto. Pero, como Gareth Porter de Inter Press Services opina, es probable que Obama apruebe los otros 13,000 soldados después de marzo cuando termine una revisión de la política entre Afganistán-Pakistán.
"La decisión de Obama de aprobar un poco más de la mitad de lo que le fue requerido... recuerda una decisión similar adoptada por el Presidente Lyndon B. Johnson cuando, quién aprobó sólo una parte de lo que le fue requerido en tropas estadounidenses para la guerra de Vietnam en abril de 1965, en una etapa comparable de que la guerra", escribió Porter. "Johnson reluctantemente accedió a la petición de tropas adicionales bajo la presión ambos, el comandante de campo y la Junta de Jefes del Estado Mayor."
La escalada militar de Obama en Afganistán es poca sorpresa. La lucha de la "guerra global contra el terrorismo" en su "frente central" -Afganistán- fue parte central de la política exterior de Obama durante su campaña presidencial.
Obama criticó la ocupación de Irak por desviar "recursos de la guerra en Afganistán, haciendo más difícil para nosotros matar o capturar a Osama bin Laden y a otros involucrados en los ataques Septiembre 11", de acuerdo a el sitio Web de la campaña de Obama.
En su discurso de aceptación en la Convención Nacional Democrática, intentó superar retórica republicana contra el terrorismo. "A McCain le gusta decir que él va a seguir a bin Laden hasta las puertas del infierno, pero ni siquiera se mete en la cueva donde vive", dijo Obama.
La de Afganistán es presentada como la guerra "buena"- una que tiene que ser combatida y ganada a toda costa. Pero el público estadounidense no se siente tan entusiasta, a pesar de todo el apoyo de los medios corporativos a la "guerra global contra el terrorismo" declarada por George W. Bush. Según un sondeo publicado en enero por la BBC Mundo Noticias de América/Harris, sólo un tercio de los estadounidenses apoyan el envío de más tropas a Afganistán.
En Afganistán, el sentimiento es más firme contra la ocupación. Un sondeo de opinión en Afganistán, realizado por ABC News/BBC/Televisión Alemana ARD, mostró que sólo una de cada seis personas piensa que EE.UU. y la OTAN deban aumentar el número de tropas. Más del 44por ciento quiere menos fuerzas extranjeras. Este es un gran giro en la opinión pública desde 2005, cuando EE.UU. contaba con un 83 por ciento de apruebo. Hoy, la mayoría de los afganos ve a los EE.UU. desfavorablemente.
La encuesta en Afganistán demostró también que hay poca confianza en que el nuevo gobierno estadounidense traerá un cambio positivo. Uno de cada cinco afganos dijo que creía que Obama sería cosas mejor para su país, pero casi el mismo número piensa que las cosas pueden empeorar. Esto porque la presencia de tropas extranjeras en Afganistán sólo ha hecho la vida del afgano común mas peligrosa -y por cada día que las tropas permanecen, la situación empeora.
La Misión de Asistencia de las NN.UU en Afganistán informó en febrero que en el año 2008 murieron 2,118 civiles -un aumento de casi un 40 por ciento comparado al año anterior. De estas víctimas, el 55 por ciento se atribuyó a las fuerzas anti-gubernamentales, incluidos los talibanes, y el 39 por ciento de seguridad afganas y las fuerzas militares internacionales.
La producción de drogas va en aumento. Según la Junta Internacional de Control de Estupefacientes, Afganistán es fuente del 90 por ciento del opio ilícito del mundo. Gran parte del comercio de drogas está controlado por los jefes guerreros que aliados con el presidente afgano Hamid Karzai, quién se instaló gracias a EE.UU. Como resultado de ello, el abuso de drogas en el interior del país ha alcanzado proporciones epidémicas, con al menos 1 millón de personas adictos a la heroína.
La escala de la adicción no sorprende, teniendo en cuenta la enorme pobreza del país. Según una encuesta realizada por la ABC News/BBC/ARD, el 55 por ciento de los afganos no tiene electricidad en su hogar, el 63 por ciento dice que no puede pagar la totalidad o "algunos, pero no todos" los alimentos que necesita, y el 68 por ciento dice que no puede pagar el combustible para la estufa.
"Día a día, vemos el gobierno de Karzai fracasando. Los americanos también fracasan", dijo Dastagir Arizad, un residente de Kabul, a Periódicos McClatchy. "Las personas no se sienten seguros. Sus vidas no están seguras. Sus hijas no están seguras. Su tierra no esta segura. El gobierno de Karzai está corrupto".
"Los problemas que tenemos son producto de los estadounidenses", dijo Arizad. "Los americanos deberían examinar sus políticas".
Si bien la nueva administración Obama ha recibido elogios por planificar el cierre del campo de prisioneros de Guantánamo en Cuba, aún no se ha anunciado un plan de este tipo para "la otra Gitmo", la prisión militar controlada por Estados Unidos en la Base Aérea de Bagram, cerca de Kabul.
Parecer no haber un fin próximo, como los mismos asesores de Obama lo admiten. "Va a ser una larga y difícil lucha", dijo Richard Holbrooke, el enviado especial del Departamento de Estado para Afganistán y Pakistán, a principios de febrero en una conferencia internacional de seguridad en Munich. "En mi opinión, va a ser mucho más difícil que Irak".
La administración Obama probablemente tratará de incluir un componente humanitario en la guerra de Afganistán, pero en muchos sentidos se está preparando para mantener la misma postura militar agresiva de la administración Bush. La nueva administración lo dejó claro la primera semana en funciones, cuando la Fuerza Aérea fue ordenada bombardear dos pueblos en Pakistán, un bombardeo supuestamente dirigido a combatientes extranjeros.
Así señaló Juan Cole un experto sobre el Medio Oriente: "Muchas de las iniciativas de Obama en sus primeros días de gobierno- preparándose para dejar Irak, poner fin a la tortura y cerrar Guantánamo- estaban destinadas para señalar un giro brusco de las políticas de la administración Bush. En contraste, el encabezado acerca del ataque sobre Waziristán podría fácilmente haber aparecido en diciembre con 'Presidente Bush' sustituido por 'Presidente Obama'".
Por ahora, la administración Obama parecer estar manteniendo sus opciones abiertas en Afganistán y fijando sus metas bajas. Hay pocas conversaciones acerca de "liberación", "democracia" o incluso "la construcción de la nación".
El Secretario de Defensa Robert Gates advirtió que "si nos fijamos el objetivo de crear una especie Walhalla en Asia central, vamos a perder, porque nadie en el mundo tiene ese tipo de tiempo, paciencia y dinero, para ser honesto... Me parece que tenemos que mantener nuestras metas realistas y limitadas en Afganistán, de lo contrario, vamos a ir derecho al fracaso. " (Gates, probablemente desconoce que Walhalla es una "sala de los masacrados" en la mitología nórdica - en cuyo caso puede ser esto lo que obtenga después de todo).
El general McKiernan dijo a algunos periodistas que incluso es probable que aumente la violencia. "Hoy en día hay lugares en los que no estamos, pero cuando pongamos fuerzas de seguridad adicionales, yo espero ver por un espacio de tiempo en que el nivel de violencia aumente mientras hacemos la transición para mantener y crear las condiciones para construir", dijo él.
La acumulación militar de EE.UU. plantea la pregunta de para qué fue realmente la invasión de Afganistán en el 2001. Lo que se presentó como un esfuerzo para ir tras Osama bin Laden y sus aliados como represalia por los ataques del 11 de septiembre, y con la retórica de "liberar" Afganistán, se ha convertido en una ocupación estratégica y permanente de Asia Central.
Si EE.UU. esperó ganar el apoyo de la población de Afganistán al derrocar al impopular Talibán, obtuvo lo opuesto. La zona se ha vuelto más inestable, y la ocupación ha dado a la gente en la región más razones para odiar el gobierno estadounidense.
Como informó una Comisión Independiente de Derechos Humanos en Afganistán sobre las actividades de las tropas extranjeras en la provincia de Kandahar, "la combinación de la conducta abusiva y la violación de los hogares en medio de la noche alimenta aún más la ira y el resentimiento hacia las fuerzas pro gobierno, más que los mimos letales ataques aéreos".
El autor Ann Jones hizo un punto similar en el sitio Web de Asia Times: "Al entrar en Afganistán, la administración Bush llamó por una campaña política para reconstruir el país y con ello establecer la autoridad de un Estado estable, democrático del gobierno central afgano...Pero la visión de un Afganistán reconstruido, pacífico, estable y gobernado democráticamente se desvaneció rápidamente. La mayoría de los afganos creen ahora que eso no fue más que una fachada para el verdadero objetivo de la administración Bush- la creación de bases permanentes en Afganistán y ocupar el país para siempre..."
"Lo que es peor, que no hay razón para esperar que las cosas cambien significativamente con el Presidente electo Barack Obama. Durante la campaña electoral, se pronunció repetidamente por más tropas para "la guerra correcta" en Afganistán (mientras se comprometía a retirar las fuerzas armadas de Irak), pero aún no ha dicho ni una palabra sobre la misión de reconstrucción.
La "guerra contra el terror" no es más que una cubierta para la expansión del poder imperial de EE.UU. en el mundo - una guerra sin fin que puede ir a cualquier parte que Estados Unidos decida. Esto debe ser opuesto, sin importar de qué partido político venga.
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