La guerra de las tortillas

octubre-noviembre de 2008 | página 3

REPUBLICAMOS UN texto del comentarista radical NOAM CHOMSKY que aparece en Intervenciones, una nueva colección de escritos de Chomsky traducida al español, publicada por Haymarket Books. Este texto fue escrito en 2007.

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EL CAOS que se deriva del llamado orden internacional es doloroso si uno se encuentra en el extremo receptor del poder que determina la estructura de ese orden.

Hasta las tortillas entran en juego en el nada honroso esquema de las cosas. Hace poco, en muchas regiones de México el precio de la tortilla tuvo un alza de más de 50%. En enero, en la ciudad de México, decenas de miles de trabajadores y campesinos se manifestaron en el Zócalo, la plaza central de la ciudad, para protestar contra el alza en el precio de las tortillas.

En respuesta, el gobierno del presidente Felipe Calderón pactó --con los productores mexicanos y los minoristas-- poner un límite al precio de las tortillas y de la harina de maíz, medida que probablemente será temporal.

La amenaza que representa el alza del precio de este producto de primera necesidad para los trabajadores mexicanos y los pobres se debe en parte a lo que podríamos llamar el efecto etanol, una consecuencia de la estampida de Estados Unidos hacia al etanol derivado del maíz como sustituto energético del petróleo, cuyas fuentes principales están, por supuesto, en las regiones que más severamente desafían el orden internacional.

También en Estados Unidos el efecto etanol ha provocado el alza de los precios de una amplia variedad de alimentos, así como de otros cultivos, el ganado y las aves de corral.

La conexión entre la inestabilidad en el Medio Oriente y el costo de alimentar a una familia en América no es directa, claro está. Pero, tal como ocurre con todo el comercio internacional, el poder inclina la balanza. Una meta principal de la política exterior estadunidense ha sido, desde hace mucho, crear un orden global en el que las corporaciones norteamericanas tengan libre acceso al mercado, los recursos y las oportunidades de inversión. A este objetivo suele dársele el nombre de "libre comercio", postura que se derrumba rápidamente cuando la examinamos.

No difiere de lo que Inglaterra, predecesora en la dominación del mundo, imaginó durante la última parte del siglo XIX, cuando abrazó el libre comercio, después que 150 años de intervención y violencia habían ayudado a la nación a amasar un poder industrial mucho mayor que el de cualquiera de sus rivales.

Estados Unidos ha seguido en gran medida estas mismas pautas. En general las grandes potencias están dispuestas a aceptar hasta cierto punto el libre comercio cuando están convencidas de que bajo su protección sus intereses económicos se verán favorecidos. Ésta ha sido y sigue siendo una característica principal del orden internacional.

El boom del etanol se ajusta a este modelo. Los agroeconomistas C. Ford Runge y Benjamin Senauer hablan al respecto en Foreign Affairs: "la industria del biocombustible ha estado dominada por mucho tiempo, no por las fuerzas del mercado, sino por la política y los intereses de un puñado de grandes compañías", sobre todo por Archer Daniels Midland, el principal productor de etanol. La producción de etanol es factible gracias a los sustanciosos subsidios que recibe del estado y los altísimos aranceles para excluir el etanol brasileño derivado del azúcar, mucho más barato y mucho más eficiente.

En marzo, durante el viaje que realizó el presidente Bush a América Latina, el único logro pregonado fue un acuerdo con Brasil para la producción conjunta de etanol. Sólo que Bush, mientras peroraba su discurso sobre el libre mercado a la manera convencional, insistió vigorosamente en que desde luego perduraría el elevado arancel para proteger a los productores estadunidenses, junto con las múltiples formas en que el gobierno subsidia a la industria.

A pesar de los abultadísimos subsidios agrícolas, financiados por los contribuyentes, el precio del maíz --y de las tortillas-- ha ido subiendo rápidamente. Un factor es que los usuarios industriales de maíz importado de Estados Unidos están comprando cada vez más las variedades mexicanas, más baratas, que se utilizan para las tortillas, y esto eleva los precios.

Puede ser que el acuerdo de 1994, el TLCAN, promovido por Estados Unidos, tenga mucho que ver en esto, y vaya teniendo cada vez más. Uno de los impactos del tratado, en un escenario desigual, era que indundaba a México de productos agrícolas exportados con elevados subsidios, lo que alejaba a los productores mexicanos de la agricultura. Carlos Salas, economista mexicano, hace una revisión de datos que muestran que, tras un aumento constante hasta 1993, el empleo en el campo empezó a disminuir cuando el TLCAN entró en vigor, sobre todo entre los productores de maíz, y concluye, junto con otros economistas, que esto es una consecuencia directa del tratado. Una sexta parte de la fuerza laboral del agro mexicano ha sido desplazada durante los años que lleva en vigor el tratado, proceso que continúa, deprimiendo los salarios en otros sectores de la economía y alentando la emigración hacia Estados Unidos. Max Correa, secretario general del grupo Central Campesina Cardenista, estima que "por cada cinco toneladas de productos foráneos que se compran, un campesino se convierte en candidato a la migración".

Con seguridad no es una mera coincidencia que en 1994, al tiempo de la instrumentación del tratado, el presidente Clinton militarizara la frontera con México, antes abierta.

El régimen de "libre comercio" aleja a México de la autosuficiencia y lo empuja a la dependencia alimentaria de las exportaciones estadunidenses. Y a medida que en Estados Unidos aumente el precio del maíz, impulsado por el poder corporativo y la intervención gubernamental, cabe anticipar que el precio de los productos de primera necesidad proseguirá su aguda alza en México.

Cada vez habrá más probabilidades de que los biocombustibles sigan "matando de hambre a los pobres" de todo el mundo --en palabras de Runge y Senauer--, en la medida en que los productos básicos se dediquen a la producción de etanol para los privilegiados; para tomar un ejemplo ominoso sería el caso de la yuca en el África subsahariana. Mientras tanto, en el sudeste de Asia se tumba y quema la selva tropical para el cultivo de palmas aceiteras destinadas al biocombustible. Y en Estados Unidos se hacen presentes los efectos ambientales peligrosos derivados de la de alto rendimiento de etanol a base de maíz.

El elevado precio de la tortilla y otros caprichos más cruentos del orden internacional ilustran la interconexión de los acontecimientos, del Medio Oriente al Medio Oeste, y la urgencia de establecer un comercio entre los pueblos basado en tratados verdaderamente democráticos, y no en los intereses de las corporaciones, voraces ante todo de ganancias, que esperan ser protegidas y subsidiadas por el estado al que dominan en gran parte, cualquiera que sea el costo en términos humanos.

Para hacer orden de este libro, visita el sitio de Web de Haymarket.

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