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¿Y a nosotros quién nos rescata? octubre-noviembre de 2008 | página 1
LO QUE la clase obrera necesita es un tipo totalmente diferente de intervención del gobierno en la economía.
FINALMENTE, DESPUES de dos semana de mutuas acusaciones de politiquería, demócratas y republicanos en el Congreso aprobaron la mayor asalto al tesoro nacional en la historia de Estados Unidos, a favor de especuladores financieros y los super ricos.
El "rescate económico" de $700 mil millones para Wall Street permitirá al Secretario del Tesoro Henry Paulson, y ex CEO de Wall Street, comprar documentos bursátiles con valores depreciados, sin garantías de recuperar el dinero. Esta operación costará a cada habitante del país más de $2,000, es decir alrededor $10,000 por cada familia.
En un primer intento la Cámara de Representantes votó en contra del rescate. Pero cuando el humo aclaró, los políticos sólo se dedicaron a señalarse con el dedo y a buscar deseperadamente la manera de empujar el rescate, de los bolsillos de los ricos --eso es.
Pero para la gente trabajadora, tratando de entender qué demonios pasa con el sistema financiero y por qué los líderes políticos en Washington, de ambos partidos, están dispuestos a mal gastar el dinero de la nación de esta manera, la reacción fue muy diferente.
Por un lado, hubo una dulce satisfacción al ver como los banqueros y la bolsa no obtenían lo que querían al menos por una vez --especialmente porque elllos están listos para robar las arcas públicas para cubrir sus malas inversiones, gracias a un programa ideado por Paulson.
Con el mundo de los negocios haciendo presión política y con Paulson prediciendo desastre si no se actuaba, la administración Bush y los dirigentes de ambas partidos, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, estaban seguros de que el rescate pasaría. Sin embargo, la legislación fue descarrilada porque los miembros del Congreso sintienron la presión de la indignación popular ante la asombrosa escala del salvataje a la misma gente que puso la economía al borde del abismo.
Este es un muy extraño acontecimientos en el sistema político de Estados Unidos --la opinión del estadounidense común y corriente tuvo de hecho peso en lo que pasó.
Al mismo tiempo, sin embargo, hubo un sentimiento de aprensión. Si el gobierno no puede ponerse de acuerdo en un rescate financiero para Wall Street, ¿caería éste, causando una catástrofe económica en Main Street también?
Después de todo, eso es lo que dijeron el "Rey Henry" Paulson y su jefe George W. Bush, básicamente extorsioniando al público con su insistencia de que si el Congreso no pasa un rescate para los bancos, la economía sufrirá-- en la forma de un colapso financiero que acabarían con los ahorros de los trabajadores y eliminaría millones de puestos laborales de un día para otro.
La caída del mercado bursátil que siguió a la primera votación en la Cámara de Representantes reforzó esos temores. Pocos trabajadores tienen los recursos necesarios para apostar en el mercado de valores, por supuesto, pero sus vidas se ven afectadas por sus altibajos, especialmente los bajos --por ejemplo, la pérdida de ahorros de jubilación en las cuentas 401(k) en que muchos trabajadores dependen.
Pero, ¿es cierto? ¿Estamos todos --el banquero multi-millonario en Wall Street y las decenas de millones de trabajadores en las otras calles-- en el mismo barco después de todo?¿Realmente necesitamos el rescate pasado por el Congreso para evitar una segunda Gran Depresión?
El argumento de que un rescate a los bancos es bueno para todos nosotros es una cortina de humo ideológica que cubre los detalles del desfalco que beneficia a los ricos y poderosos en detrimento del resto de nosotros.
Hay muchas maneras en que una intervención del gobierno podría aliviar la crisis financiera y prestar socorro urgente a las personas que trabajan. Pero eso involucraría programas, políticas y prioridades que los banqueros desprecian y que los dirigentes políticos en Washington no quieren ni siquiera considerar.
Paulson tiene razón al decir que Wall Street se enfrenta a su crisis más grave desde la Gran Depresión --una catástrofe de su propia creación-- y que el gobierno de EEUU tiene que responder. Pero la forma que toma esta respuesta --una enorme transferencia de la riqueza nacional a los super ricos o un plan progresivo para frenar en los bancos y ayudar a la gente común-- depende de si los trabajadores se organizan para hacer oír su voz en Washington DC.
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Pero las disposiciones que ellos señalan no tienes dientes ni uñas, por ejemplo una sección que insta a los bancos --"cuando sea apropiado"-- a negociar con los dueños de casas enfrentando remate, o las fácilmente eludibles límites al sueldo de los ejecutivos en las empresas rescatadas.
El corazón del plan de rescate se mantiene en pie --simplemente una acaparación de los banqueros, por los banqueros y para los banqueros. Este es el truco que le permite a Paulson y a futuros secretarios de la tesorería para comprar valores "activos con problemas" de los bancos y otras instituciones financieras --no a su precio actual, si valen algo en absoluto, pero cerca del inflado precio original que los bancos pagaron por ellos.
En otras palabras, Paulson quiere el poder irrestricto para cubrir las pérdidas de la mayoría de los especuladores del mundo. Sus tácticas amedrentadores no puedes ocultar eso.
Normalmente, bajo el sistema político de EEUU, los legisladores están protegidos de cualquier rendición de cuentas a los que los eligieron. Esto les permite seguir una agenda en contra de los intereses de la mayoría. Pero ellos tienen para enfrentar a los votantes de vez en cuando, y para desgracia de 435 miembros de la Cámara de Representantes, el paquete del rescate financiero vino sólo cinco semanas antes de las elecciones.
Como resultado, nadie en el Congreso quiere estar estrechamente asociado con el plan de Paulson, no importa qué tanto sus amigos en Wall Street lo quieran. Así, líderes los demócratas bailaban al ritmo de Paulson, afirmando que lo hacían para "salvar" la economía, mientras que culpaban a Bush y los republicanos por la creación de la crisis.
Entre los republicanos en la cámara de representantes, cuya defección derrotó el plan en su primer intento, hubo mucha habladuría acerca de la defensa de los intereses de la gente común. Sin embargo, el hecho revelador es que entre los que enfrentan reelección en noviembre, prácticamente todos votaron en contra del rescate.
Pero el plan de Paulson inmediatement regresó antes a ambas cámaras del Congreso antes de la semana terminara, tal vez con algunos cambios de modo de recoger algunos votos más. Pero su esencia fue la misma: El rescate de los intereses de los ricos a costa de la clase obrera..
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Para comenzar, el sistema bancario debe ser nacionalizado. Esto proporcionaría un alivio inmediato a la escasez internacional de crédito con la que los bancos están asfixiando el crecimiento económico al negarse a prestarse los unos a los otros.
La siguiente orden del día sería detener el casino en Wall Street, donde se hacen incomprensible apuestas de alto riesgo tales como "obligaciones de deuda con garantía" y "canjeo de incumplimiento crediticio". La capacidad de los bancos de dañar nuestra vida con su especulación debe ser terminada de inmediato.
La nacionalización de los bancos no es algo nuevo. Por gran parte de la segunda mitad del siglo XX, eran la norma en Europa occidental --y los bancos continuaron siendo instituciones capitalistas. Pero un sistema bancario nacionalizado al menos permite más rendición pública de sus operaciones y los somete a una mayor presión política.
Lo que es más, es difícil describir las recientes aventuras el gobierno federal en el sector bancario como algo distinto a nacionalización. A finales de septiembre, la Corporación Federal de Seguros de Depositos (FDIC por sus siglas en inglés) tomó el control de Washington Mutual (el banco de ahorro y crédito más grande del país) y lo vendió al Banco de América a un precio de venta de garage, y luego puso Wachovia (el cuarto banco más grande) fuera de su miseria con una venta forzosa a Citigroup.
Pero para endulzar esta última operación, la FDIC acordó cubrir cualquier pérdida que excediera $42 de los $ 312 mil millones en deudas incobrables en los libros de Wachovia. Sin embargo, Citigroup puede mantener las ganancias al tener una mayor parte del mercado. ¿Por qué los contribuyentes no obtienen las ganancias de esta fusión, en lugar de sólo las pérdidas?
Después de tres décadas del dogma del libre mercado, impulsado tanto por republicanos como demócratas, la nacionalización de los bancos puede parecer inpensable en EE.UU, pero fue Paulson mismo, republicano conservador, quién presidió la nacionalización de los prestamistas hipotecarios Fannie Mae y Freddy Mac, y el gigante de seguros AIG.
El rescate es de hecho una forma de nacionalización --pero que socializa las pérdidas de los bancos a costa de los contribuyentes, dejando las ganancias en manos privadas.¿Por qué no tomar control de los bancos directamente y despedir sin beneficios a sus corruptos e incompetentes ejecutivos?
Un rescate económico en favor de los trabajadores incluye mucho más que nacionalizar los bancos.
Incluiría una moratoria a las hipotecas, renegociaciones obligatorias de las tasas ajustables, e incentivos para convertir condominios recién construidos y desocupados en viviendas de alquiler asequible.
También es necesario un plan para crear puestos de trabajo, comenzando con un programa obras públicas de infraestructura para reconstruir las escuelas y las viviendas, la expansión del transporte público y la inversión pública en alternativas de energía.
Tal programa es muy diferente de lo que se aprobó en Washington. Por su parte los demócratas, de Barack Obama abajo, están contentos con sólo atacar a los republicanos como la fuente de la catástrofe económica. Esto puede ser suficiente para conseguir ser electo, pero las políticas que promueven ni siquiera empiezan a hacer frente a la magnitud del problema.
Esta crisis económica está aún en sus primeras etapas, pero es evidente que la vieja ideología del libre mercado está acabada. Sin embargo, nada ha aparecido para sustituirla. Necesitamos iniciar un debate sobre alternativas reales ahora --levantando las ideas, estrategias y organizaciones que la clase obrera necesita para resistir el intento de hacernos pagar por la crisis.
Traducido por Orlando Sepúlveda
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