¿Es más policía una solución al crimen?

Por Phil Gasper | junio-julio de 2008 | página 4

EN LAS últimas semanas, ambos Hillary Clinton y Barack Obama han prometido, si son electos, buscar más fondos para poner más policías en las calles.

Rememorando una promesa que su esposo hiciera en 1992, el pasado mes Clinton le dijo a una audiencia en Filadelfia que ella añadiría 100.000 miembros a las fuerzas policíacas alrededor del país, y que esto disminuiría a la mitad el índice de asesinatos en las grandes ciudades.

Obama no quiso quedarse atrás. Él comentó al Chicago Sun-Times que "policía adicional mejoraría la seguridad pública. Nueva York ha tenido una gran reducción en crímenes en la última década, más que otras ciudades, y parte de la razón es que tienen más policías per cápita."

Pero estas alegaciones son falsas. No existe correlación entre el número de policías en una ciudad y el índice de criminalidad. El índice de criminalidad sí ha disminuido significativamente en la ciudad de Nueva York en los últimos 17 años (aunque recientemente este número ha empezado a aumentar), pero éste no a disminuido tan rápido como en otras ciudades. Nueva York no tiene el mayor número de policías per cápita. Y por último, el número de policías no explica la reducción de crimines.

Washington, D.C. tiene más policías por pies cuadrados que cualquier otra ciudad en el mundo (incluyendo Nueva York), aún así tiene uno de los índices de asesinatos más altos en el país. Dallas y San Diego tiene relativamente el mismo número de personas, pero el índice de criminalidad en Dallas es el doble que el de San Diego, que tiene casi 50 por ciento más policías.

Las estadísticas indican que la policía sólo detecta un 2.5 por ciento de los crímenes en progreso. Si una patrulla sigue la misma rutina todos los días, encontraría un crimen en progreso una vez cada 14 años.

De hecho, usualmente más policías en la calle significa más crimen. En Nueva York, a principios de los 1990's, cerca de 30 policías fueron arrestados por robo, distribución de drogas, brutalidad y cargos relacionados; y una investigación concluyó que la corrupción policíaca es de arriba abajo "dominante".

En New Orleans, docenas de oficiales han sido acusados de robo armado, secuestro, agresión, soborno, chantaje, violación y hasta de homicidio. La corrupción en Filadelfia es tan mala que el Departamento de Justicia presentó cargos en contra de la policía de la ciudad.

Según Amnestía Internacional, "investigaciones independientes han encontrado abusos sistemáticos en algunos de los departamentos de policías de las grandes ciudades, revelando un serio problema nacional. En cada caso, las autoridades han ignorado el hábito y la rutina de la brutalidad policíaca en distritos de alta criminalidad. Muchas de estas ciudades han tenido un historial de brutalidad policiaca y corrupción."

En la ciudad de Nueva York, el número de policías incrementó de 25.000 a 40.000 entre 1990 y 1995; y para finales de la década, el índice de crímenes violentos había disminuido al nivel de hace 30 años atrás.

En esos tiempos, el alcalde Rudolph Giuliani reclamó que la reducción fue debido al incremento policial, y en particular a su politica de "cero tolerancia"--tratando abusivamente ofensas de menor grado como mendigar. Pero un reporte del 2004 de la Academia Nacional de las Ciencias concluyó que había poca evidencia para esos reclamos.

Como un criminólogo apuntó que "la mayoría de las ciudades ha disfrutado comparablemente una reducción de grandes crímenes sin los cambios que Nueva York hizo. San Diego también experimentó un retorno al nivel de criminalidad de los 1960's con... solamente un tercio de la proporción de policías/población de Nueva York y sin 'cero tolerancia'".

Lo que explica el descenso en crímenes violentos es el descenso en el uso de crack-cocaína a comienzo de los 1990's, y como consecuencia una reducción en las asesinas guerras territoriales, junto con el crecimiento económico en la segunda mitad de la década, mientras disminuía el índice de desempleo juvenil.

Por el contrario, el incremento reciente de violencia en ciudades como Nueva York, Filadelfia y Chicago tiene que ver más con el deterioro del estado económico, los recortes en el presupuesto y el número creciente de gente viviendo en la pobreza.

A políticos como Clinton y Obama, les gusta pintarse como defensores de las víctimas del crimen. Pero si fueran serios, ellos estarían concentrándose en los criminales de de cuello blanco en las corporaciones, cuyas acciones perjudican más que esas cometidas por criminales callejeros.

Mucho más personas mueren y son lastimadas por la negligencia y la imprudencia de los patrones que asesinados en asaltos. Hasta 100.000 estadounidenses mueren cada año como resultado de las peligrosas condiciones laborales, compárese a las casi 16.000 personas que son asesinadas.

De igual manera, el costo de los crímenes de cuello blanco (como el fraude y la evasión de impuestos) cuestan casi $400 miles de millones al año--mucho más que el total de todos los crímenes callejeros.

Esto no es para decir que los crímenes callejeros no son un problema serio, pero la mejor manera de resolverlo sería invirtiendo en programas que reducen la pobreza y la desigualdad--también, terminando con la guerra en contra de las drogas y con la encarcelación masiva en EEUU, ambos cuales incrementan el nivel de crímenes violentos.

Cuarenta años atrás, como respuesta a un movimiento por los derechos civiles y a la rebelión de los barrios pobres alrededor del país, el candidato Demócrata a la presidencia Hubert Humphrey respondió a la retórica de "ley-y-orden" de Richard Nixon diciendo que "por cada carcel que el Sr. Nixon quiera construir, yo quisiera construir una casa para una familia. Y por cada policía que el quiere contratar, yo quiero contratar otro buen maestro."

Hoy, por el contrario, los candidatos Demócratas prefieren tomar prestada la ropa de los Republicanos.

Traducido por Héctor Tarrido-Picart

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