Lucha de clases en Egipto

Por Mostafa Omar | junio-julio de 2008

A COMIENZOS de abril, huelgas y manifestaciones contra el alza de los precios de los alimentos estremecieron a uno de los aliados más importante del gobierno estadounidense en el Oriente Medio.

El llamado a una huelga general por grupos de oposición al gobierno egipcio del presidente Hosni Mubarak, en contra de su política económica, señaló un importante paso adelante para el movimiento democrático nacional.

Obreros textiles de la ciudad industrial de Mahalla al-Kabra, nacionalistas árabes, activistas políticos islámicos, socialistas y otros se unieron en "Kifay" (¡Basta! en español), nombre no oficial de la amplia coalición de oposición Movimiento para el Cambio en Egipto, para empujar la demanda por aumentos salariales a la par con la altísima inflación.

Los activistas, dependiendo de la red de Internet Facebook y las mensajes de texto móviles para sortear las leyes de emergencia que reprimen la libertad de expresión, pidieron a obreros, empleados gubernamentales y estudiantes boicotear las escuelas, bancos, fábricas e instituciones de gobierno.

A pesar del amplio apoyo popular, el llamado tuvo resultados mixtos, debido principalmente a la intensiva propaganda y campaña de intimidación del gobierno, declarando ilegal la huelga en Mahalla, amenazando con arrestos masivos y acusando a los organizadores de planear motines y violencia.

El 6 de abril, los egipcios despertaron y descubrieron que las fuerzas de seguridad -la policía antimotines y los odiadísimos vigilantes pagados por el estado- habían ocupado todas más importante plazas urbanas del país. En la plaza de Tahrir, en el centro de Cairo, miles de los agentes policíacos eran literalmente más numerosos que los turistas y los peatones.

A pesar de la intimidación unas cuantas pequeñas, pero animadas manifestaciones se llevaron al cabo en Cairo y Alexandria, las dos más importantes ciudades egipcias.

Los estudiantes universitarios protestaron en las universidades de Cairo y Helwan, y 300 manifestantes subieron al techo de la Asociación de Abogados de Egipto en el centro de Cairo, para protestar, siendo aplaudidos y apoyados por miles de transeúntes.

El número de manifestaciones y participantes fue mucho menor de lo esperado por los organizadores. Aún así, centenares de miles de obreros y estudiantes a través de Egipto participaron en la huelga y el boicot quedándose en casa.

Muchas escuelas y lugares de trabajo anunciaron que la asistencia fue menos de lo normal. El tráfico en Cairo, una ciudad famosa por su congestión infernal, estaba casi vacío.

Pero en la ciudad de Mahalla, centro histórico de la resistencia de la clase obrera en el delta central del río Nilo, la cosa se desarrolló en una manera muy diferente.

Todos los ojos se posaban en la ciudad la mañana del 6, ya que el llamado a la huelga general había sido iniciado por los obreros textiles en la Compañia de Misr de Hilandería y Tejeduría, quiénes han estado luchando con el gobierno por mejores sueldos y condiciones de trabajo por más de un año.

A pesar de ser presionados a no participar por parte de sus dirigentes sindicales pro-gobierno, los obreros estaban listos para ocupar su fábrica a las 7:30 de la mañana, al comienzo de su turno. Sin embargo cuando llegaron, los obreros la encontraron sitiada y ocupada por cientos de policías uniformados y de civil, los que acarrearon a los obreros a sus máquinas bajo amenaza de arresto.

Al mediodía, la prensa controlada por el gobierno se jactaba de que la huelga había sido un fracaso y elogiaba a los obreros egipcios por apoyar "el orden público." Pero alrededor de las 4 de la tarde, cuando terminaba el turno matutino en las fábricas textiles, 25,000 obreros, estudiantes y otros salieron de las escuelas y las fábricas en una marcha masiva y pacífica en contra de la política gubernamental.

Cuando las fuerzas de seguridad intentaron de bloquear la marcha, se desató una confrontación por muchas horas en las calles de Mahalla, que a ratos parecía una escena de los Territorios Palestinos Ocupados.

Miles de vecinos enfrentaron a la policía con piedras y tirando de vuelta los botes de gas lacrimógenos. Mientras se intensificaba la represión, la ira se profundizaba. Muchos carros y una línea ferroviaria que conecta Mahalla al Mar Mediterráneo fueron incendiados. Centenares de manifestantes fueron heridos por los balazos, de goma y plomo, y el gas lacrimógeno. Docenas de agentes de seguridad también fueron lesionados.

La prensa gobiernista intentó describir la confrontación como la acción de unos cuantos ladrones y bandidos, pero el periódico independiente Al Masry Al Yom publicó impresionantes fotos de la masiva batalla callejera contra de la barbaridad estatal, no un "puñado de ladrones."

Al día siguiente, Al Yom anunció la muerte de Ahmed Ali Mubarak, un estudiante de 15 años, muerto a bala por la policía mientras observaba las manifestaciones desde la ventana de su apartamento.

En los días siguientes, cuatro otras muertes fueron confirmadas a manos de la policía. Cientos de parientes enojados acamparon afuera de la comisaría de Mahalla para pedir la libertad para los 300 prisioneros detenidos en conexión con las manifestaciones.

Al Yom también publicó entrevistas con mujeres explicando por qué habían participado en las protestas. "¿Cómo puedo alimentar a los niños y cuidar a mi madre enferma del corazón con una pensión de 59 libras ($11 dólares) mensuales?" dijo una al periódico.

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EGIPTO RECIBE más ayuda económica y militar de EEUU que todos los otros países en el mundo, excepto Israel.

El país sufre una crisis económica y política que amenaza el régimen de Hosni Mubarak.

A pesar de las tazas de crecimiento económicas de los últimos años, la política neoliberal de privatización del gobierno ha dejado a 40 por ciento de la población de 75 millones en la pobreza.

La reciente escasez de pan, la principal comida en Egipto, ha dejado millones esperando en colas por largas horas, sólo para volver a casa sin pan. Sólo en marzo, diez personas murieron en peleas que ocurrieron en las colas.

Además de las colas, el pueblo obrero trata de sobrevivir la inflación. Los precios de los alimentos básicos como arroz y el aceite aumentaron un 50 por ciento durante los primeros tres meses de 2008.

Mientras tanto, los ricos en Egipto y sus socios multinacionales siguen acumulando grandes riquezas. La lista de las empresas multinacionales operando en Egipto es impresionante. Al menejar por las calles de Cairo se pueden ver los anuncios de IBM, General Motors, McDonald's, BMW, Vodafone, Shell y docenas de otras empresas occidentales.

Estas corporaciones internacionales se aprovechan de una mano de obra capacitada pagando sueldos de hambre. La mayor parte de los egipcios gana $100 dólares por mes, lo que hace cada día más difícil mantener una familia.

Sin embargo, mientras que los egipcios pobres puedan gastar seis o siete horas al día en las colas del pan, los ricos disfruten una vida lujosa. Un pareja acaudalada puede manejar su BMW desde su apartamento de cinco millones de libras al mes a cualquier de los centenares de restaurantes de lujo que sirven a los pudientes donde pueden gastar más de un mil libras ($200) en una cena.

Esta situación surge de la profunda transformación de la economía egipcia en los últimos treinta años, durante los regímenes del difunto presidente Anwar Sadat y el actual presidente Mubarak.

En los años cincuenta y sesenta, el estado nacionalizó la mayor parte de las empresas más grandes, garantizó empleo pleno, educación y salud gratuita, y subvenciones de los alimentos básicos. También lanzó una ambiciosa campaña de industrialización con el apoyo de la ex-Union Soviética.

Sin embargo, mientras trató de asegurar la protección social para los obreros y los pobres, el estado reprimió cualquier actividad política o laboral independiente. Luego, después de su completa derrota a manos de Israel en la guerra de junio de 1967 y presionado por la política estadounidense neoliberal, el gobierno cambió de actitud.

Al empezar en los años setenta, Sadat lanzó una política de puerta abierta a las inversiones extrajeras, lo que reintegró la economía egipcia al mercado mundial, bajo la tutela de EEUU.

El primer paso fue para terminar los subvenciones de pan y los alimentos básicos, según las ordenes del Fondo Monetario Internacional, a lo que los obreros egipcios respondieron con un levantamiento de masas en enero de 1977 que fue aplastado por el gobierno, aunque demoró por algún tiempo los cortes sociales.

Pero sin un fuerte movimiento de izquierda o sindical, un porcentaje importante de los trabajadores fueron convencidos de que el modelo neoliberal podría mejorar sus vidas.

Durante los últimos 20 años, la economía ha pasado de ser dominada por el sector público, que contaba con el 70 por ciento de los medios de producción, a ser dominada por capitales privados, que ahora adueñan el 80 por ciento de la industria.

El gobierno relajó muchas de las leyes que protegían a los obreros, especialmente en el creciente sector privado. Además muchos obreros en el sector público perdieron sus bien pagados trabajos y fueron empujados a buscar empleos en el sector privado.

Después de tres décadas de privatizaciones y de la pérdida de las subvenciones estatales, la opinión pública se ha transformado dramáticamente en el sentido contrario. La mayoría de los trabajadores han perdido la fe en la política neoliberal. Lo que es más importante, años de pasividad se han convertido en una nueva época de la lucha como método para el cambio social.

Los primeros fueron los campesinos pobres y los sin tierra quienes llevaron a cabo una campaña de resistencia contra de los intentos del gobierno de revocar las moderadas conquistas de la reforma agraria y para reinstalar el poder de los ex-terratenientes. Pero en el 2004, la clase obrera industrial se puso a la cabeza de la lucha contra el neoliberalism.

Entre 2004 y 2008 hubo un promedio de 100 huelgas al año, con la participación de casi medio millón de obreros. Los obreros textiles, los del metro y ferrocarriles, funcionarios públicos, catedráticos universitarios y otros se lanzaron en huelga por mejores sueldos, y muchas veces ganaron la batalla. Trabajadores del sector privado han empeñado un rol cada día más importante y las obreras femeninas se han puesto al centro de muchas de estas exitosas huelgas.

Al mismo tiempo, un valiente movimiento por la democracia encabezado por abogados y juces pidiendo reformas reales y el fin a las elecciones fraudulentas ha alimentado el sentimiento público y dado coraje al movimiento obrero.

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SIM EMBARGO, el éxito de la represión del gobierno contra de los grupos islámicos radicales, como el Jihad en los años noventa, y la falta de una nueva fuerza de izquierda ha hecho de la Asociación de la Hermandad Islámica la fuerza principal de la oposición al régimen de Mubarak.

La Hermandad denuncia a los ex-radicales islámicos por usar la violencia para obtener el poder político, y quiere, como el Partido de Bienestar Islámico en Turquía, llegar al poder a través de las elecciones.

Mientras la Hermandad critica la postura pro EEUU y pro Israel del gobierno, tanto como sus acciones represivas, sus fines económicos y sociales no son muy diferentes de los del régimen. Comparten un común compromiso basado en sus fuertes principios sobre la inviolabilidad de la propiedad privada y el libre mercado del capitalismo.

Esto explica porque la Hermandad, en los momentos claves del movimiento, se ha rehusado a confrontar al gobierno. A pesar de la negativa del gobierno a concederle la legalidad o acceso libre a las elecciones y a que centenares de sus afiliados sufren en sus cámaras de tortura, los dirigentes de la Hermandad quieren jugar el rol de una oposición leal al régimen.

La ira popular sobre la situación económica ha forzado los dirigentes de la Hermandad cambiar su retórica. Ahora están sustituyendo consignas como "El Islam es la solución" por otras más relacionadas con las demandas obreras por mejores sueldos y subvenciones más altas.

Pero si de boca la Hermandad defiende las quejas de los trabajadores y apoya formalmente las reformas democráticas, en la acción se niega movilizar a su medio millón de afiliados para desafiar directamente al régimen en las calles, como quedó clarísimo durante la confrontación del 6 de abril.

Mientras que en una declaración emitida por el Internet la Hermanda apoyó la idea de una huelga, se rehusó llamar a sus afiliados (quienes por la mayor parte estaban de acuerdo con la huelga) a participar, aduciendo que la Hermandad no apoya la desobediencia civil que pueda lastimar el orden público.

La falta de participación de los afiliados de la Hermandad en la huelga fue una oportunidad perdida. Por ejemplo, cuando las protestas se desarrollaban en el techo de la Asociación de Abogados cientos de hombres y mujeres que observaban y simpatizaban desde el otro lado de la calle eran partidarios de la Hermandad, pero nunca acudieron en ayuda de los manifestantes debido a la ambivalencia de los líderes de la Hermandad.

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EL GOBIERNO egipcio afirma que la crisis económica es únicamente el resultado del fuerte aumento de los precios internacionales de los alimentos. Pero la realidad es diferente. Como en otros países en Asia y América de Sur, el crecimiento de la pobreza es el resultado del fracaso de la política neoliberal.

Mientras el gobierno puede estabilizar las reservas de pan, los problemas sistemáticos no van a desaparecer.

En abril, los obreros obtuvieron del gobierno algunas concesiones, con la esperanza de detener el curso de los acontecimientos. Éstas reflejan la vulnerabilidad del régimen, y al mismo tiempo, dan más coraje a los trabajadores para llevar a cabo huelgas y protestas. Mahalla se a convertido en un ejemplo.

El 8 de abril, Mubarak anunció un pago extra de un mes para los obreros textiles de la fábrica El Misr porque no habían participado en la huelga del 6 de abril, y un pago extra de solo 15 días para todos los otros. Al día siguiente mil enfurecidos obreros de la fábrica de El Nasr Compañía de Hilandería y Tejeduría ocuparon su fábrica para pedir el pago extra de un mes igual que los de Misr.

"Aprendimos que tenemos que lanzarnos en huelga para ganar nuestras demandas," dijo un dirigente de la huelga a Al Masrey Al Yom.

Así como la ira popular y las huelgas sigan y el gobierno busque medidas para tratar de ganar tiempo, una cosas es cierta: una de los bases más importantes para la dominación estadounidense del Oriente Medio está en peligro.

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LA CÓLERA popular contra las injusticias sociales y la pobreza en Egipto se agravan por el rencor amargo contra la ocupación por EEUU de Irak y el lento genocidio contra los Palestinos por parte de Israel.

En Mahalla, los manifestantes vincularon su lucha con la de los Palestinos - enfrentando a la policía con piedras, ellos gritaban: "¡Allah, Allah, Allah! Ésta no es Ramallah!" refiriéndose a la ciudad ocupada en Cisjordania. Este sentimento se expresa en otras maneras.

Las películas y telenovelas más populares reciben muchos aplausos cuando tratan de asuntos relacionados con la arrogancia de EEUU e Israel en la región.

Hasta en las programaciones deportivas, que solían no hablar de política, los comentaristas preguntan por qué la prensa estadounidense sólo se queja de los abusos a los derechos humanos del régimen chino, pero siguen haciendo caso omiso al sufrimiento de los Palestinos.

Sería un a exageración describir los acontecimientos en Egipto como una tormenta, pero podrían representar los primeros etapas de una.

En estas circunstancias, la izquierda egipcia tiene un gran oportunidad para profundizar sus vínculos y raíces entre los obreros.

Puede construir un movimiento por verdadera democracia que pueda reorganizar la región basados en las necesidades del pueblo y no en los intereses de EEUU e Israel.

Traducido por Todd Chretien

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