¿Quién fue el Che?

Por Todd Chretien | diciembre de 2007

HACE CUARENTA años, en un operativo conducido por la CIA en Bolivia, fue ejecutado Che Guevara, luego que su grupo guerrillero fuera derrotado en combate. Desde antes de su muerte la imagen del Che ha inspirado a millones que quieren luchar por un mundo mejor. Pero muy poca gente, sobre todo en los EEUU sabe algo acerca de la vida y políticas del Che.

Che Guevara nació en Argentina en 1928 proveniente de una familia propietaria de tierras venida a menos, e inclinada por políticas de izquierda. Allí le inculcaron el sentido de la justicia y le dieron la oportunidad de estudiar medicina, y le pasaron una condici[on asmática que lo acompañó toda su vida.

En un periplo de viajes y trabajo a través de varios países de América Latina, ejerciendo como médico en clínicas que atendían a los pobres, el Che desarrolló un profundo rechazo al imperialismo norteamericano y a las clases adineradas.

Estando en Guatemala, en 1954 presenció como el gobierno del reformista Jacobo Arbenz fue derrocado por medio de un golpe orquestado por la CIA. A mediados de 1955 se mudó a México, donde entró contacto con un pequeño grupo de cubanos exilados liderado por Fidel Castro, un genuino grupo de revolucionarios que estaban tratando de desarrollar un plan coherente para canalizar sus ideas y ponerlas en práctica.

Castro provenía de una familia de buena posición económica y pudo haber elegido dedicarse a su profesión de Abogado. En cambio se unió a la oposición en contra del dictador, cliente de EE UU, Fulgencio Batista, dirigiendo un fracasado asaltoal Cuartel Moncada en 1953.

Castro fue encarcelado y luego exilado, pero su perfil político adquirió renombre. Tres años más tarde, llevando al Che como médico, lideró a 81 hombres a bordo del Gramma y desembarcó en las costas de Cuba para comenzar una guerra de guerrillas contra el dictador Batista. A los pocos días la mayoría de los combatientes fueron muertos en acción, capturados o ejecutados, a excepción de 17 de ellos.

Castro, el Che y los otros, sobrevivieron en las montañas de la Sierra Maestra, y en el transcurso de 2 años fortalecieron y desarrollaron un eficiente ejército guerrillero, uniendo otros grupos rebeldes bajo su mando, y coordinando acciones con una poderosa red urbana de revolucionarios.

El 1ro de enero de 1959, Batista huyó de Cuba y los rebeldes marcharon sobre La Habana donde fueron recibidos con algarabía por la multitud. De ese modo el Che, de turista político pasó a ser una de las principales figuras de la Revolución Cubana.

En los tres años siguientes, el Che desempeñó un papel fundamental en un vasto programa de reforma agraria, campañas para erradicar el analfabetismo, la nacionalización de todas las propiedades en manos norteamericanas y en las acciones que permitieron la derrota de la invasión apoyada por EE UU de Bahía de los Cochinos.

El deseo de repetir la exitosa experiencia cubana llevó al Che al Congo en 1965, y luego a Bolivia en 1967. Fue aquí, en su intento de impulsar la lucha por medio de la guerrilla, donde fue derrotado.

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LA VIDA excepcional del Che en parte explica su condición de símbolo permanente, pero la verdadera razón de su popularidad estriba en que las mismas condiciones socio-políticas que lo llevaron a ser un revolucionario aun persisten entre nosotros. Muchas de ellas han empeorado gravemente. Entonces ¿qué podemos aprender del Che hoy?

El Che llegó a la conclusión de que el capitalismo norteamericano domina las economías de América Latina, desde la empresa de cobre Anaconda en Chile hasta la United Fruit en Guatemala.

Cada vez que las clases trabajadoras de cada país ponían en peligro las relaciones económicas, los militares norteamericanos intervenían para “defender los intereses de los EE UU”. Sólo el siglo XX, EE UU invadió Nicaragua, México, Cuba, La República Dominicana, Haití, Panamá y Granada, además de crear o apoyar nefastos y sanguinarios regímenes militares en Guatemala, El Salvador, Colombia, Honduras, en el Cono Sur, y sigue la lista...

Si bien importantes, el Che se dio cuenta las reformas sociales, luego de un cierto punto, ya no son suficientes. En 1954 en Guatemala Jacobo Arbenz, elegido democráticamente, empezó a distribuir una parte inexplotada de las millones de hectáreas en posesión de la United Fruit. El presidente norteamericano Dwight Eisenhower ordenó a la CIA que lo derrocara.

Las fuerzas que participaron en el golpe eran en realidad débiles y consistían mayormente en propaganda y amenazas. El secreto del éxito del golpe fue que Arbenz temió distribuir armas a los trabajadores y a los pobres en Guatemala, por temor a que una revolución pudiera emerger e ir “demasiado lejos”.

Arbenz quería reformas, pero temía a una revolución. Al final, no logró ni una, ni la otra. Por el contrario los gobiernos militares de derecha que se instalaron luego del golpe mataron a casi 500.000 pobres e indígenas en las décadas que siguieron.

El Che era un marxista autodidacta y luchó por el socialismo para reemplazar al capitalismo. Como la mayoría que en esos tiempos se definía socialista, el Che apoyaba la Revolución Rusa de 1917, y creyó que los problemas que se desarrollaron en la URSS después del ascenso de Stalin al poder en 1920, eran asuntos menores.

Al comienzo de la Revolución Cubana, el Che vio con ojos favorables a la Unión Soviética, pero luego desarrolló hostilidad hacia su burocratizada clase dirigente. Los rusos estaban dispuestos a brindar un poco de ayuda a Cuba, la suficiente como para incomodar a EEUU, pero al mismo tiempo presionaban a Cuba para seguir dependiendo de la obsoleta industria azucarera.

El Che comenzó a ver a la URSS y a los EE UU como partícipes en la “explotación imperial” del mundo subdesarrollado.

La frustración del Che con URSS se acrecentó por la oposición de la clase dirigente estalinista a la revolución internacional. A lo largo de Latinoamérica, los partidos comunistas pro-soviéticos impulsaban políticas que respondieron a intereses de Rusia, entre ellas la llamada coexistencia pacífica (léase: tratados comerciales lucrativos), por encima de la tarea de liderar a sus propias clases obreras en pos de revoluciones contra sus clases dirigentes.

A principios de los años 60 cuando el proceso revolucionario cubano se estancó, el Che se convenció que el futuro para Cuba residía en la victoria de un proceso mundial, especialmente en América Latina. Para 1964 ya había dejado prácticamente todo trabajo al frente del estado cubano y comenzado a poner en práctica su plan para expandir la revolución.

Sus tácticas fueron un desastre, la comprensión del Che acerca de que la Revolución Cubana sería estrangulada sin la solidaridad internacional de las masas de Latinoamérica, era esencialmente correcta.

En 1968 Castro abandonó toda pretensión de revolución internacional, y más y más abiertamente alineó su régimen con la Rusia estalinista. Cuando los tanques rusos aplastaron el alzamiento de la entonces Checoslovaquia en 1968 (conocido como la primavera de Praga), Castro apoyó a los carniceros represores y llamó “fascistas” a quienes se rebelaban contra los burócratas.

Desde la caída del vieja Unión Soviética en 1991, Castro ha construido un nuevo juego de alianzas con los gobiernos capitalistas a través del mundo, desde México a España a Alemanía. Recientemente, Castro ha desarollado lazos al gobierno izquierdista de Venezuela, pero esto es la excepción que confirma la regla.

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EL CHE veía la injusticia por todos lados, igual que la vemos ahora. Es famoso su dicho “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Pero la parte más difícil de comprender su legado político es justamente que quería decir con eso.

El gran novelista mexicano Carlos Fuentes, define la fuerza motora de la teoría revolucionaria del Che como “voluntarismo”, es decir la creencia que la voluntad de unos pocos individuos es capaz de cambiar las condiciones políticas a nivel de masas. Es aquídonde el compromiso ideológico del Che con el marxismo choca en forma evidente, es decir sus ideas marxistas con sus prácticas voluntaristas.

La insistencia de Marx de que la clase obrera puede, y debe, hacer su propia revolución a fin de que sea genuinamente socialista impactó profundamente en el Che. Sin embargo, a mediados de los años 50, cuando adquirió su conciencia política, veía que las clases trabajadoras en Latinoamérica habían sufrido derrotas, y parecían quedarse quietas, a pesar de la explotación a las que estaban sujetas.

En vez de ver esta situación como temporal, el Che concluyó de que los trabajadores de las ciudades permanecerían necesariamente pasivas hasta después de la revolución, momento en el cual serían iluminadas por el estado revolucionario.

La pérdida de confianza del Che en el potencial revolucionario de la clase obrera urbana es explicada en parte por el análisis que él hace del nivel de represión sufrida por esta clase. En su famoso trabajo “Guerra de Guerrillas”, el Che dice que una importante razón en trasladar la revolución de la ciudad al campo es que en la jungla es posible porque actuar relativamente a salvo de la policía secreta y el ejército.

Esta conclusión llevó al Che a eximir de la responsabilidad y la conducción de la revolución a la clase obrera, para terminar colocándola en manos de un selecto grupo de combatientes guerrilleros.

Su intento de generalizar los éxitos de las guerrillas revolucionarias cubanas en el Congo, Argentina, Brasil y Bolivia terminaron todos en el más absoluto desastre.

¿Por qué? Primero el Che subestimó el rol de las fuerzas urbanas involucradas en la propia Revolución Cubana, consistentes en sectores radicales y moderados de las clases obrera y media. Segundo, el Che sobreestimó la capacidad de la guerrilla para transformar el clima político de un determinado país, simplemente por la fuerza de contagio del ejemplo revolucionario.

Resultó que el Che desarrolló una incompleta visión de cómo la Revolución Cubana ganó en primer lugar, y trágicamente trató de imponer esa visión en otros sitios y en otros tiempos.

El sacar a la clase obrera del centro de su lógica revolucionaria llevó al Che a considerar el rol del partido revolucionario (o el grupo guerrillero en este caso) de hacer la revolución en nombre de la clase obrera.

Desafortunadamente, en Cuba, esto lideró al Che apoyar a Castro en su tarea de consolidar un poder burocrático estatal, en vez de luchar para mantener un camino abierto a la democracia obrera y de esa manera la posibilidad de una verdadera revolución socialista.

Che Guevara no puede ser culpado por unirse a una revolución que no entendía en su totalidad, ni tampoco por cometer graves errores en la práctica. Para la generación del Che, el legado del estalinismo significó por lo general el robo de la mayoría del conocimiento acerca de cómo el partido Bolchevique de Rusia verdaderamente actuó durante los acontecimientos de la única revolución obrera victoriosa.

En efecto, enfrentado a la disyuntiva de adaptarse a la creciente burocratización de la Revolución Cubana o de entregar su vida en el intento de internacionalizar la lucha contra el capitalismo, el Che no vaciló.

El Che convenció a muchos de los mejores revolucionarios de la generación del 60 a reemplazar la confianza que tenían en la clase obrera para liberarse a sí misma, por una fe en la fuerza de las armas en manos de la guerrilla.

Pero la clase obrera de América Latina pronto demostraría que el Che estaba equivocado. Millones de trabajadores de Chile, Argentina, Brasil, México y más allá se unieron en huelgas generales y movimientos de masas para pelear contra sus explotadores a fines de los años 60 y comienzos de los 70.

Nadie puede predecir que rol hubiera desempeñado el Che si hubiera vivido para verlo. Lamentablemente, el Che y sus seguidores o murieron en los inútiles combates guerrilleros o no estaban lo suficientemente preparados para estas rebeliones.

El Che no fue un santo. Fue un revolucionario y merece ser tratado como tal. Esto quiere decir que el mayor tributo que le podemos ofrecer, en realidad el único que le cabe, es continuar su lucha, rescatando aquello de su experiencia e ideas que avanzan la lucha, y dejando a un lado los errores que no tuvo más remedio que cometer.

Traducido del inglés por Roberto Platzer

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